jueves, 22 de febrero de 2018

El mito de que los niños tienen que aprender que “la vida es dura”

En algunas ocasiones, a lo largo de la vida, nos encontramos con situaciones dolorosas o complicadas. Eso es así para todos.


Por ello, algunos adultos consideran que es positivo para los niños enseñarles que la vida es dura cuanto antes. De este modo, creen que los niños estarán preparados para afrontar las situaciones difíciles cuando les llegue el momento.

Conceptos como tolerar la frustración, tener experiencias desagradables o soportar el fracaso se ponen en juego cuando de enseñarles que la vida es dura se trata.
Con esta idea, algunos adultos exponen a sus hijos a situaciones difíciles o frustrantes que, en realidad, podrían evitar. Para que aprendan que la vida es dura y no les pille por sorpresa cuando las circunstancias se compliquen.

Así, los niños experimentan situaciones frustrantes, de fracaso, de malestar permitidas o, incluso, propiciadas por sus padres que consideran que así los hacen fuertes o los preparan para enfrentar la adversidad.

Sin embargo, las experiencias de fracaso o frustración van a surgir en la vida del niño de manera inevitable, queramos los padres o no. Antes o después, el curso natural de la vida pondrá a nuestros hijos en situaciones dolorosas, complicadas o frustrantes, y nadie podrá evitarlo.
De esta manera, los niños cuyos padres permiten o propician experiencias de fracaso o frustración evitables estarán experimentando una cantidad incrementada de experiencias relacionadas con el malestar: las que sus padres podían haber evitado y no lo hicieron y las inevitables.

Pero no sólo eso. Además, estarán perdiendo experiencias de éxito, logro y bienestar de manera gratuita, pues las situaciones de fracaso evitables que no se evitaron son situaciones de éxito innecesariamente evitadas.
Las experiencias de fracaso y frustración pueden ocasionar una visión pesimista de la vida, generar desmotivaciónal al niño, influir negativamente en su autoestima e, incluso, provocar sensación de indefensión. Esto no beneficia en absoluto las habilidades de afrontamiento de problemas ni la capacidad de sobreponerse a situaciones dolorosas.

Por el contrario, las experiencias de éxito incrementan la percepción de autoeficacia y la motivación de logro, fomentan el desarrollo de una buena autoestima, favorecen una visión optimista de la vida y, todo ello, favorece el desarrollo de habilidades de afrontamiento y de resiliencia.
Por ello, no tengas miedo a evitar fracasos o frustraciones en los niños pequeños cuando sea posible, porque no siempre lo va a ser. Los niños van a vivir situaciones complicadas queramos o no, por lo que cuando podamos apoyarlos y evitarles el malestar, estamos promoviendo habilidades muy positivas para el desarrollo de habilidades de afrontamiento y solución de problemas.

No impongas la enseñanza que “la vida es dura” porque, además de que no siempre lo es, la propia vida les mostrará lo que les tenga que mostrar.
Fuente: Psicología y crianza. 

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