sábado, 24 de febrero de 2018

Crianza positiva: equilibrio entre amor y disciplina

Nadie ha dicho que criar un niño sea fácil. Los pequeños ponen a prueba constantemente nuestro carácter, nuestro nivel de paciencia y nuestra sabiduría para responder en forma correcta a todos los desafíos que, a diario, nos plantean como padres y cuidadores.


Sus comportamientos, en especial los indeseables en ese proceso normal de desarrollo y maduración de su personalidad, así como de sus habilidades emocionales y psicosociales, pueden llevarlo a experimentar sentimientos que definirán sus decisiones frente a la crianza.

Puede responder con enfados, gritos y castigos, y hacer que su hijo aprenda a comportarse bajo el autoritarismo, la represión, el temor o la intimidación; o puede elegir el camino de la comprensión, la empatía, el diálogo y la comunicación asertiva, para resolver los conflictos en equipo y enseñarle así a su pequeño valores y competencias para convivir en sociedad y ser feliz.

Educa con cariño

De eso se trata la crianza positiva, un concepto que ha venido tomando mucha fuerza porque utiliza el cariño como base de la educación, fomenta relaciones entre padres e hijos basadas en el respeto, permite que los pequeños aprendan a relacionarse con los demás de manera no violenta y constructiva, los anima a ser autodisciplinados, y les enseña a respetar normas y límites por convicción y no como consecuencia de un castigo psicológico o físico.
La realidad, sin embargo, es que muchos padres no adoptan este modelo porque pretenden replicar con sus hijos la manera como ellos fueron criados. Ahí es cuando escuchamos frases como “a mí me dieron correa y no me traumaticé”.

De acuerdo con María Inés Cuadros, especialista en desarrollo y protección de la niñez, de Aldeas Infantiles SOS Colombia, el modelo principal que utilizamos en la crianza es el que aprendimos en casa. “Más allá del cariño y la paciencia, ese modelo usó el miedo, el grito y el golpe como forma de corregir. Nos inculcó que la violencia estaba bien si se trataba de educar”, señala.

En cambio, en palabras de la especialista, “la crianza positiva entiende que dar palmadas, correazos, pellizcos o cualquier otro uso de la fuerza física contra los niños, además de ser una violación del derecho a la dignidad humana y a la integridad física, es una práctica totalmente errónea”, añade.
De hecho, varias investigaciones demuestran que los niños criados en contextos tiranos y opresores son más propensos a la ira, la inseguridad y la rebeldía, y que una crianza demasiado exigente deteriora la relación entre padres e hijos, y cultiva resentimientos y culpas.

Por eso, para la experta, los padres deben entender y reconocer que abandonar o evitar ese estilo de crianza no significa renunciar a establecer límites, imponer disciplina, corregir las malas conductas de los pequeños, ser permisivos y perder respeto, sino todo lo contrario: cuando se toman el tiempo para escuchar y comprender a sus hijos, analizar las motivaciones que los llevan a comportarse de determinada manera, o hallar soluciones y establecer acuerdos en conjunto, los pequeños se sienten valorados y amados, y se reconocen como seres importantes, autónomos y seguros.
Igualmente, las experiencias afectivas positivas durante los primeros años de vida preparan al niño para enfrentar situaciones difíciles y crear lazos afectivos duraderos y estables. 

No al temor

En este sentido, Carolina Jurado Bernal, psicóloga docente del Politécnico Grancolombiano, aclara que, para que un niño sea feliz en su crianza, “él debe respetar a sus padres antes de temerles”. Solo así podemos garantizar que su conducta será la misma en la presencia de sus padres y en su ausencia. “Un niño educado con amor, respeto, tolerancia, paciencia y argumentos claros y firmes es un niño sin máscaras, que se siente cómodo para decir las cosas que piensa frente a sus padres, con la convicción de que será escuchado porque sabe que siempre habrá espacio para la mediación y el diálogo”, explica Jurado.
Por eso, en la crianza positiva es fundamental establecer normas y límites, siempre bajo la premisa de valores como el respeto, la coherencia y la consistencia. De ahí que el ejemplo de los padres sea vital porque será, en definitiva, el referente que los niños imitarán.

De este modo, para los expertos, la lógica de la crianza no está en la ausencia de conflictos –pues las relaciones entre padres e hijos siempre presentarán desacuerdos y tropiezos–, sino que es “la capacidad de afrontar y resolver estas situaciones la que dará cuenta del adecuado proceso de formación de los hijos y les ofrecerá herramientas para resolver las situaciones a las que se enfrentan”, afirma Jurado.
Por otra parte, establecer normas permite que los niños se sientan seguros emocionalmente, pues saben “qué esperar”, y les ayuda a afianzar su autocontrol. Si un niño entiende qué debe hacer y por qué, le será más fácil seguir las reglas y convivir con otros.

Consejos para criar niños felices

1. Recuerda que ser firme no implica dejar de ser cariñoso. El tono de voz indicará cariño, mientras que la expresión indicará firmeza.

2. Practica el autocontrol. La primera persona a la que tenemos que controlar es a nosotros mismos como padres, para no dejarnos llevar por la ira. Detente, respira y reflexiona antes de dirigirte a tus pequeños.

3. Crea rutinas junto con tu hijo y luego recuérdale que eso es lo que habían acordado.

4. Dale opciones limitadas; esto le dará, además, la sensación de que no tiene que obedecer todo a rajatabla y que tiene la opción de elegir.
5. Involucra a tu hijo en la solución de problemas. Esto lo motivará a asumir sus responsabilidades y se sentirá parte importante de la familia.

6. Sugiere alternativas aceptables; por ejemplo, un “no te puedo dar el helado antes del almuerzo, pero te lo puedo dar después”. De esta forma, somos más comprensibles con sus deseos y menos arbitrarios.

7. Ponte de acuerdo con tu pareja. Ambos padres tienen que manejar el mismo estilo de crianza para no crear confusión en su hijo.

8. Evita sobreprotegerlo, ya que esta es una manera
de decirle “eres un incompetente”. La lástima promueve la debilidad, mientras que la comprensión promueve la fortaleza.

9. No te olvides de darle tu mensaje de amor siempre y de asegurarte de que le llegue a tu hijo. Que tu pequeño sepa que tu amor hacia él es incondicional.

10. Antes de ‘corregir’ una mala conducta, busca conectarte emocionalmente con tu hijo. Eso ayudará a mantener los vínculos afectivos en la familia y a que podamos ejercer una gran influencia sobre ellos.
Escrito por: Andres Felipe Cardona.

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