lunes, 19 de febrero de 2018

Trastorno del Espectro Autista (TEA): Evaluación


 El DSM-IV, publicado en 1994, definía el autismo y sus trastornos asociados como “trastornos generalizados del desarrollo” (TGD). En el DSM-5, esta definición ha sido sustituida por el término trastornos del espectro autista (TEA), que han sido incluidos a su vez, dentro de una categoría más amplia de “trastornos del neurodesarrollo”. Aparece en la infancia y engloba diagnósticos relacionados con déficit en la comunicación, dificultades para integrarse socialmente, una exagerada dependencia a las rutinas y hábitos cotidianos, y una alta intolerancia a cualquier cambio o a la frustración.


Según el DSM-5, el autismo se caracteriza por retraso o alteraciones del funcionamiento antes de los tres años de edad en una o más de las siguientes esferas: interacción social y comunicación; patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados.EVALUACIÓN 
La evaluación debe efectuarse desde un enfoque multidisciplinar. En primer lugar la evaluación médica y neurológica debe aportar una historia detallada desde el nacimiento, su desarrollo, exámenes o pruebas físicas y neurológicas y en algunos casos será necesaria la realización de estudios del cariotipo para detectar posibles anomalías cromosómicas como el Síndrome X Frágil.

Sin duda constituye un reto profesional el abordar la evaluación e intervención dado que las dificultades suelen ser múltiples y se encuentran condicionadas por el patrón desigual e irregular del trastorno. La expresión oral, la motricidad, la capacidad sensorial y cognitiva, son sólo algunas de las áreas que pueden presentar disfunciones importantes.
Las diferentes pruebas psicológicas con las que habitualmente trabajamos con niños que no presentan el trastorno, pueden resultar inaplicables o darnos resultados que no están de acordes a la realidad del niño. Pruebas de capacidad intelectual como las escalas Weschler (WISC-R, WISC IV) deben utilizarse con precaución y sólo en aquellos casos que la expresión oral esté algo preservada. La mayoría de pruebas se han baremado con población normal (no clínica), por lo tanto, en el caso de que se apliquen debemos ser cautelosos con la información resultante.

Existen pruebas específicas como la ADI-R. Estas pruebas son básicamente entrevistas estructuradas y se basan en la información proporcionada por los padre o docentes. Esta información es necesaria en un primer momento a efectos de confirmar el diagnóstico, sin embargo debe ser después complementada con pruebas individualizadas en función de la realidad de cada niño.
OBJETIVOS DE LA EVALUACIÓN

El paso previo para una evaluación exhaustiva en un niño con posible autismo pasa por una comprensión clara de lo que son los diferentes trastornos del espectro y un conocimiento de sus diversos modelos teóricos (Teoría de la Mente, etc). Pero a su vez requiere de un acercamiento con una mentalidad abierta, debemos ser especialmente sensibles a la realidad de cada niño, su forma peculiar de funcionamiento, su margen de movimiento o potencial de aprendizaje.

La evaluación se plantea como un juego sin reglas iniciales y que va configurándose a medida que se avanza la relación niño-terapeuta en la que ambos están en un proceso mutuo de aprendizaje. Las habilidades del psicólogo infantil, su capacidad de observación y su creatividad, van a ser decisivos.
Teniendo en cuenta los principios anteriores, la evaluación debe plantearse desde una vertiente eminentemente práctica con la finalidad de conocer:

El punto donde nos encontramos (evaluación actual)

Determinar hasta donde podemos llegar (potencial de modificación y aprendizaje)

De qué forma vamos a hacerlo (estrategias psicológicas a emplear).
Las baterías y cuestionarios estandarizados señalados más arriba son sólo un primer paso. Con ellos obtendremos la línea base. Luego debemos introducir la evaluación de caso único. Esto comprenderá como metodología fundamental la observación directa del niño en su ambiente natural complementado con la recogida de información en entrevistas a padres y docentes.

Se debe evaluar todo aquello que preocupa a los padres en su comportamiento, en lo que hace y también en lo que deja de hacer, sin olvidar aquello que quizás aún no es visible todavía o no se le da importancia.
Muchos de estos niños, sobretodo los que mantienen conservadas sus capacidades intelectuales, pueden adaptarse al mundo y desarrollar estrategias para compensar sus limitaciones, es por ello que se hace necesario una evaluación a medida y el ofrecimiento de ayudas por parte de los diferentes profesionales implicados a lo largo de todo su ciclo vital.
Fuente: Syei. pedagogía.

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