sábado, 31 de marzo de 2018

Mi Hijo Miente: Las Primeras Mentiras.

Un buen día, sin saber cómo nuestro hijo nos salta con una “mentirijilla”. Nada importante ni nada grave. Algo intrascendente y totalmente inocente. Porque las primeras mentiras juegan un importante papel experimental y exploratorio que nada tiene que ver con un supuesto signo de maldad

¿Por qué aparecen las primeras mentiras?

Cuando nos intentan engañar o juegan a mantener un secreto, nuestros niños están comprobando que su mundo interno y el nuestro son diferentes.
Están constatando que sus pensamientos son suyos y que si quieren los comparten o no. Es aquí cuando descubren que el engaño es posible, que cuando se habla hay que tener en cuenta lo que el otro sabe y lo que no.
Esto supone un hito muy importante en el desarrollo cognitivo, ya que constituye un primer paso hacia la superación del egocentrismo infantil y la comprensión del mundo interpersonal.

¿Qué debemos hacer los padres?
De los 3 a los 5 años deberíamos evitar llamarles mentirosos o ponerlos en ridículo. A esta edad debemos tener cierta tolerancia y algo de complicidad con algunas “mentirijillas” como cuando nos dicen que su peluche preferido les ha dicho que hoy cenaríamos “chuches” y que luego dormiría con mamá. Este tipo de mentiras son parte de la fantasía del niño de esta edad.
En cambio, las mentiras que tienen por objetivo evitar ser regañado, el típico “yo no he sido, ha sido él” han de ser tratadas también sin ponernos nerviosos y llamarle mentiroso. No obstante, hemos de hacerle saber claramente que no aprobamos las mentiras, que hay que ser sincero y que es importante explicar siempre la verdad. Si nosotros no utilizamos nunca la mentira con nuestros hijos ellos aprenderán más rápido la importancia de este concepto. 
Los padres, abuelos también, debemos evitar mentir o engañar a nuestros hijos ya que generan desconfianza e imitación, a parte de proporcionar una visión deformada de la realidad y del mundo en el que viven. Esto no significa que algunas informaciones no puedan darse de un modo diferente en función de la edad y que obviamente no siempre será posible explicarles todo, en algunas ocasiones tendremos que callar o ocultarles algunas informaciones.
Cuando el niño nos miente ocasionalmente no tiene excesiva importancia, es cuando estas mentiras se repiten una y otra vez. En estos casos los padres debemos preguntarnos el motivo, la causa, el porqué. ¿Utilizamos las mentiras o somos poco sinceros con nuestros hijos dándoles mal ejemplo? ¿Basamos su educación en el castigo, las reprimendas y la culpa? Ante estas preguntas debemos tener en cuenta que es muy difícil exigirle a un niño sinceridad si está creciendo en un ambiente que le genera temor o culpa, y le engañan frecuentemente.
Fuente: Mamá psicóloga infantil.

Por qué no debes comparar a tu bebé

Mi hijo a los 6 meses ya gateaba”, “El mío a los 12 meses dejó el pañal”, “El vocabulario del mío es impresionante”… Y así podemos hacer una lista innumerable de mamás que todos los días dicen a otras lo que su hijo hizo a cierta edad.

¿Te suena familiar? Comparar a los hijos va más allá de sólo querer presumirle al mundo sus logros. Es como darles una imagen negativa de sí mismos porque no han hecho algo que alguien más ya logró. Aunque no lo creas, hacerlo afecta mucho más que sólo su autoestima:

Recuerda que cada niño es diferente. Aunque existe un estándar de cosas que debe hacer antes de cierta edad, hay niños que siguen su propio ritmo y no quiere decir que estén mal. Si estás preocupada porque no habla o deja el pañal, antes de compararlo platícalo con su pediatra.
Nunca le digas “¿Por qué no eres como tu hermano?” Esta es una las frases que más lastiman a los niños que no son hijos únicos y crean incluso problemas y resentimientos entre ellos. Quizás uno de tus hijos es súper ordenado y organizado mientras que al otro le cuesta seguir instrucciones. Aprende a identificar las aptitudes de cada uno y en lugar de compararlos, ayúdales a mejorar las que se les dificultan y aprovechar las que se les facilitan.
Evita que piense “No soy lo suficientemente bueno”. Como papás lo que más queremos es que nuestros hijos tengan un buen futuro y las mejores oportunidades, pero si sólo lo comparas lo que lograrás es que crea que no puede hacer las cosas bien y nada es suficiente para que tú estés contenta con él.

No pongas en duda si eres buena mamá: La maternidad para muchas es como una competencia: “Hay que ser la mejor mamá del kínder, de la oficina o de las amigas”. Olvídate de ello. No porque tu hijo haya dejado el pañal después de los 2 años, comido de todo hasta los 3, le vaya regular en matemáticas, te conviertas en una mala mamá, olvídate de las etiquetas, porque son nocivas. Cada una lleva su ritmo y modo de enseñar. Evita compararte tú también.
Fortalece su autoestima: Si tu hijo tiene un desarrollo veloz y notas que ha hecho cosas antes que los demás, abrázalo, bésalo y dile que estás orgullosa, pero cuidado con decirle todo el tiempo que es mejor que los demás. 
Si por el contrario notas que le cuesta trabajo o aún no hay señales de que algún hito aparezca, ¿por qué no mejor en lugar de preguntar a qué edad lo hizo su amigo de la guardería, lo estimulas y ayudas para que él lo logre?

Recuerda que lo mejor en cuanto al desarrollo de tu bebé es preguntar a su pediatra si tienes dudas. ¡Sobre todo no quieras adelantarle cosas! Cada niño logra lo que necesita a su tiempo.
Fuente: BBmundo.

Niños despistados y distraídos. Una pequeña guía para padres.

Niños despistados o distraídos: La educación, sobre todo en la parte inicial de la vida de cualquier persona, es uno de los rasgos más importantes que se deben desarrollar con frecuencia. Se acrecienta aún más su importancia cuando somos niños. Los niños, por regla general, son muy abiertos a todo lo que los rodea y por tanto son más fáciles de enseñar y de inculcarles conocimientos, valores y principios. 

Ahora bien, ¿Qué sucede cuando el niño tiene tendencia a la distracción y a ser despistado?, aclaremos desde un principio que hay de todo en esta vida: desde niños con inteligencia muy baja, los de inteligencia media hasta los que son genios.
Si su hijo es despistado, eso no tiene nada que ver con la inteligencia, simplemente existen otros factores que llevan a que la distracción sea una tendencia muy frecuente en su hijo. Es por ello que en este post trataremos de darles una pequeña guía de padres para tratar con niños distraídos, en esta guía le indicaremos que hacer y cómo educar a esta clase de niños.

Causas que hacen niños despistados o distraidos

Quienes tienen niños más activos sabrán a ciencia  cierta que educar a estos niños suele ser una tarea titánica. Los niños activos y que no pueden estar quietos por un momento son los más propensos a tener más distracción, son más despistados y eso le acarrea dificultades a la hora del aprendizaje.

Las causas todavía no son muy claras para algunos especialistas. Sin embargo, existen algunos patrones comunes que hay que analizar y que puede causar dichas distracciones. Entre las causas más comunes son:

  • Un trastorno por déficit de atención (TDA). Puede estar unido a la hiperactividad(TDAH).
  • El cansancio o el estrés. Bien por dormir poco o por un exceso de actividades, disminuye la capacidad de concentración y se dificulta la memoria.
  • Problemas de visión o de audición. Un defecto visual o auditivo no diagnosticado ni tratado puede hacer pensar en una falsa falta de atención.
  • El nerviosismo. Cuando estamos nerviosos segregamos corticosterona, una hormona que interfiere en el recuerdo. 
  • Una mala alimentación.La falta de algunos nutrientes esenciales en su dieta puede interferir en la calidad de la memoria. 
¿Como mejorar la atención de los niños despistados?

Cuando no exista evidencia de que su falta de atención se deba a algo patológico, puedes ayudar a tu hijo siguiendo los siguientes consejos:

  • Utiliza la motivación. Hay que buscar aquello que le gusta mucho hacer y fomentarlo, a la par que lo utilizamos como forma de motivación para otras actividades.
  • Practica juegos que favorezcan la atención y la concentración: memorias de parejas, buscar un dibujo en una lámina, colorear mándalas o dibujos abstractos complejos, elegir una respuesta correcta entre varias, hacer una silueta siguiendo los puntos numerados, colorear según un código de color señalado por números, ordenar tarjetas según una secuencia temporal o buscar un objeto escondido siguiendo instrucciones o interpretando pistas. 
  • Dale las instrucciones de una en una. Así, no se distraerá al recibir varias órdenes al mismo tiempo. 
  • Ofrécele ayudas visuales como, por ejemplo, pegar en la puerta del cuarto de baño unas manos lavándose o un cepillo de dientes. 
  • Practica con él algún método de relajación para reducir la ansiedad.
Fuente: Portal de educación infantil y primaria

Educar sin sobreproteger

 Cuando no le dejamos crecer

Tu hijo necesita cuidados, amor, seguridad. Pero también independencia. Y es que una excesiva protección podría traerle más dificultades que las que sus papás le quieren evitar.

Los expertos definen la sobreprotección "como un exceso de celo en el cuidado de los hijos, tanto que, a veces, lleva a los padres a ofrecerles algo que los pequeños ni siquiera han solicitado". En efecto, la sobreprotección supone una dedicación absoluta al cuidado de los niños, hasta el punto de intervenir en cualquier tipo de situación conflictiva que se les presente, con lo que impiden su aprendizaje y, por lo tanto, un correcto desarrollo en su camino hacia la madurez.
¿Y por qué actuamos así? Durante las primeras etapas de la vida del niño, éste depende totalmente de nosotros. A medida que crece, su instinto le anima a ir desligándose de los padres, a experimentar por su cuenta, a enfrentarse a nuevos retos. La necesidad de independencia forma parte de su proceso de crecimiento, para ello sus progenitores también deben estar preparados. Sin embargo, no todos lo están. A algunos les cuesta ir soltando esas ataduras y prefieren seguir con sus niños “pegaditos a sus faldas”, sin darse cuenta de que hacer los deberes por ellos, no dejarles nunca con sus abuelos, controlar sus amistades..., no sólo no les ayuda en su desarrollo, sino que puede causar el efecto contrario y retrasar su progreso psicólogico, intelectual y social; además de convertirles en adultos inseguros, miedosos, estresados, dependientes de los demás, con problemas en sus relaciones sociales y con poca tolerancia de la frustración.

Algunas pautas para evitar la sobreprotección
Y como está en tu mano evitar estas conductas, te ofrecemos algunas pautas para que puedas ofrecer a tu hijo los cuidados que necesita para sentirse seguro y querido, sin caer en una excesiva protección:

Dejar que se enfrente a las dificultades, a adaptarse a un entorno que cambia constantemente y a desarrollar sus habilidades por sí solo.
Dejarle respirar, no estar permanentemente controlándole o atosigándole con preguntas o preocupaciones por su bienestar y salud.

Favorecer que aprenda a pensar por sí solo, a asumir nuevos retos –en el deporte, por ejemplo–, a tomar la iniciativa y a adoptar sus primeras decisiones. Hazle sugerencias, pide su opinión, tenle en cuenta...
Fomentar que juegue o realice actividades con otros niños, sin la presencia constante de los adultos.

No darle todo lo que pida o lo que los padres creen que necesita. Mostrarle el valor del esfuerzo y las enseñanzas que encierran las dificultades y la frustración.

Estar a su lado cuando lo necesite, pero para apoyarle, no para solucionar sus problemas y realizar sus tareas.
Permitir que pase algún tiempo con otras personas para establecer lazos afectivos con abuelos y tíos e “independizarse” un poco de sus padres.

Tratarle de acuerdo a su edad. Permítele que coma solo o se vista cuando ya sea capaz de hacerlo; y a medida que va cumpliendo años, retírale el chupete, el biberón, la sillita de paseo...

Ecología para niños: enséñale a respetar el planeta

Cambio climático, calentamiento global, reciclaje, desarrollo sostenible... son conceptos de una importancia vital y a los que ninguno, ni los más pequeños, podemos estar ajenos. Enseña a tu hijo a respetar la naturaleza y cuidar el mundo en que vive con un lenguaje sencillo, juegos y tu ejemplo.

Aunque la protección del medio ambiente es muy compleja, cada uno de nosotros, desde nuestro sencillo hogar, podemos hacer mucho por la protección y recuperación de nuestro planeta. Educar a los más pequeños de la casa como ciudadanos responsables y cuidadosos con el entorno que les rodea es más fácil de lo que piensas si se lo explicas todo con conceptos sencillos y predicas con el ejemplo.

Enséñale la regla de las 3 R

Se basa en los 3 conceptos: reducir, reciclar y reutilizar.

- Reducir la cantidad de basura generada, de papel empleado, de agua consumida... y de los deshechos domésticos.

- Reciclar todos los materiales que sea posible, desde el papel a las basuras pasando por juguetes. En este punto, hacer manualidades con objetos reciclados le concienciará y divertirá. 

- Reutilizar todos los objetos de la casa dándoles un nuevo uso. La caja de la televisión puede ser un perfecto baúl para guardar juguetes, con una camiseta vieja hacer una marioneta o una lata de refresco con la tapa debidamente lijada será un original portalápices. 

Respetar la naturaleza
- Enseña a tu hijo a usar los contenedores para el reciclaje: el azul para papel y cartón, el verde para el vidrio, el amarillo para botellas y envases de plástico y latas, y el gris para residuos orgánicos. Pídele que se encargue de la separación y el reciclaje de las basuras, de guardar los periódicos y papeles desechados, de cambiar la bolsa del contenedor amarillo cuando ya esté llena.

- Explícale cómo se ahorra agua. Acostúmbrale a cerrar el grifo mientras se lava los dientes.
- Acostúmbrale a ahorrar energía pagando las luces encendidas sin necesidad o desenchufando el videojuego.

- Explícale el sentido de ir al cole andando o en bici si ya es mayor. 

- Cómprale cuadernos de papel reciclado y productos ecológicos y ponte en contacto con el consejo escolar, para organizar mercadillos solidarios, trueques de juguetes, periódicos elaborados por ellos mismos en los que puedan expresar sus preocupaciones en esta materia...

- En vacaciones, incítale a observar la naturaleza, la contaminación, el daño que hace en el paísaje...háblale de los diferentes transportes y lo que contamina cada uno y utilizad el público.
Fuente. Guía del niño

5 cosas que no debes hacer si tu hijo tiene una rabieta


Enséñale a controlar sus emociones
Las rabietas son pequeñas crisis de pérdida de control muy frecuentes entre 2 y 4 años. Que se conviertan o no en una estrategia del niño para obtener siempre lo que desea depende de cómo reaccionamos ante ellas. No caigas en errores gruesos como los 5 que siguen.


Las rabietas están motivadas por dos situaciones bien distintas que conviene diferenciar. La primera proviene de una sobreestimulación. El niño no ha dormido lo suficiente, ha sido sometido a un exceso de actividad, está algo malito… Su sistema nervioso está sobrecargado y de repente, estalla. En este caso, la solución es sencilla. Si le alejamos de los estímulos que le molestan, si le tranquilizamos con gestos apaciguadores, podrá recobrar la calma y descansar. Pero ¿qué pasa cuando el motivo de su berrinche es un conflicto que el niño no sabe solucionar o un sentimiento de frustración que no puede controlar? ¿Cómo gestionarlos para que entienda que es una mala estrategia para conseguir lo que uno quiere? Lo aprenderá de nuestra forma de reaccionar ante estas mini-crisis y las que siguen no son las adecuadas.
1. Gritar más fuerte que él. Tú eres el adulto, no te puedes comportar con su misma inmadurez. Además, los niños aprenden por imitación. Si tú te lo permites, le estás dando permiso para hacer lo mismo. Antes de intervenir, pon en práctica alguno de los métodos para no perder los nervios con los niños. Por ejemplo, respira hondo y cuenta hasta 10.
2. Decirle que deje de llorar o le castigarás. El llanto ayuda a descargar tensiones y desaparecerá cuando el niño haya vuelto a la calma. La compasión es una buena medicina ante la pérdida de control emocional. Dile que entiendes su tristeza, que devolver al niño su juguete es muy duro pero aquí está su balón y tú vas a jugar con él. Se trata de poner nombre a sus emociones para que las vaya identificando.Este paso es fundamental para desarrollar su inteligencia emocional. Cuando se alejen los sentimientos de frustración, se terminarán las lágrimas.
3. Proclamar alto y claro que es un niño muy malo. Tu hijo no es un niño especialmente colérico o caprichoso. Simplemente es pequeño y tiene que aprender a controlarse. Ha nacido con un temperamento que no es más que ciertos rasgos de carácter heredados. Puede haber nacido impulsivo o tranquilo. La educación y las experiencias irán moldeando ese temperamento hasta convertirlo en personalidad. Poner etiquetas a los niños es asignarles un carácter determinado y catalogarlos cuando están en proceso de formación y continuo cambio. Al final, es empujarlos a convertirse en esas personas cuya forma de ser tan poco nos gusta.
4. Dejar que otras personas intervengan y opinen. En materia de educación, todos tenemos nuestra opinión y no es raro que aparezcan desencuentro entre padres, abuelos, amigos… Conviene redimir nuestras normales diferencias entre adultos, discutir nuestros puntos de vista y buscar acuerdos. Los niños necesitan criarse en un entorno coherente donde se aplican siempre las mismas reglas. Si delante de él, uno se muestra laxista y el otro autoritario, sacará provecho de la situación pero fallaremos en educarle con valores claros.
5. Ceder a su capricho. Es muy tentador bajar los brazos y rendirse ante su voluntad. Volveremos a encontrar la calma pero le habremos enviado el mensaje de que si quiere algo con suficiente empeño, lo conseguirá. Se multiplicarán las rabietas y poco a poco iremos perdiendo el control. Los padres permisivos no quieren más a sus hijos, hacen de ellos niños desobedientes, impulsivos e inseguros. Con frecuencia anteponen su tranquilidad a la compleja labor de educar a un hijo.
Fuente: Guía del niño

viernes, 30 de marzo de 2018

15 cosas que cambian en tu vida cuando nace tu bebé


"Tu vida va a cambiar". Recuerdo las veces que escuché esta frase durante mi primer embarazo, y lo mucho que me costaba captar su significado. ¿Será para mejor? ¿Será para peor?... Con el tiempo me di cuenta que todo depende de nuestro punto de vista y de lo mucho o poco que nos cuesta adaptarnos a los grandes cambios en nuestras vidas. 

Los cambios son tantos que es imposible enumerarlos, pero no son una sentencia sino un desafío. Y como todo desafío, una oportunidad para aprender, crecer y hacernos mejores seres humanos. Entre otras cosas, recuerdo los siguientes cambios por los cuales pasé al embarcar en mi viaje por el universo de la maternidad y que son comunes a la mayoría de las madres con quienes sigo creciendo y "viajando": 

Entre los cambios más profundos, emocionantes y transformadores...
1. Descubres en tu interior una fuerza que te agarra de sorpresa y hasta te asusta por su intensidad. Te sientes como una leona, preparada para defender a tu "cachorrito" con tus propias uñas y dientes. 

2. Te das cuenta que puedes ir más allá de tu límite, y del límite de tu límite, y del límite del límite de tu límite... Y esto te hace sentir infinitamente exhausta y fatigada, pero a la vez infinitamente capaz (¡qué verdad tan verdadera!). 

3. Sientes crecer dentro de ti un amor tan fuerte, poderoso y profundo, que a veces hasta te espanta y confunde. "¿Podré querer a otro ser como a esta criaturita?", te preguntas. Ya verás que sí (y ésa será tu gran sorpresa cuando nazca tu próximo hijo). 
4. Empiezas a entender, respetar y admirar a tus padres como nunca antes en la vida "no es posible que mi mamá haya hecho todo esto", pensaba, "¡con cuatro hijos, tan joven y sin pañales desechables!" y crece genuinamente tu comprensión y gratitud hacia ellos. 

5. Por primera vez entiendes que "sacrificio" no significa sufrimiento sino: "sacro" + "oficio", o sea, "trabajo sagrado". Comprendes la enorme importancia del lugar que ocupas en el mundo como madre, y el gran valor de tu trabajo. 

6. Aumenta tu compasión por todos los niños. Poco a poco te vas haciendo madre no sólo de tus hijos, sino de todos los demás niños del mundo. No soportas ver sufrir a un niño en las noticias, ni en una película de televisión, ni en la calle. 
Y entre los cambios más cotidianos...

7. En tu casa, tu vida, tu trabajo... reina un nuevo orden, o más bien, desorden. Aceptarlo es clave para tu felicidad y paz interior, o sea que date por vencida y disfrútalo. 

8. Descubres el placer y el valor de los momentos de silencio, de una ducha caliente al final del día, una tacita de té con una amiga, una película en casa con tu pareja, una noche de sueño profundo... y disfrutas a fondo cada uno de esos instantes. 

9. Borras de tu diccionario la palabra "asco". Cuando a tu hijo se le cae el chupón en el piso, lo recoges tranquilamente y lo "limpias" con naturalidad en tu propia boca antes de volvérselo a dar. 
10. Aprendes a dominar el arte de la improvisación. Compones increíbles melodías, transformas tus dedos en marionetas e inventas fantásticas y absurdas historias para mantener entretenido a tu bebé (sobre todo cuando está cansado, aburrido o enfermo). 

11. Tu cinturita (y todo lo que queda al norte y al sur de ella) definitivamente no es la misma de antes, pero te sorprendes al darte cuenta de que estás mucho más interesada en el ombligo de tu bebé que en el tuyo propio. 

12. Las horas dejan de tener 60 minutos y los días dejan de tener 24 horas. El tiempo ahora parece transcurrir a un nuevo ritmo (debido seguramente a algún arte de magia del bebé) y por ese extraño cambio llegas retrasada a casi todas tus citas. 
13. Los momentos a solas con tu pareja son escasos y breves, pero los dos aprenden a disfrutarlos y aprovecharlos, aunque un cierto lloroncillo esté a punto de interrumpirlos. 

14. Como un malabarista que va agregando más y más objetos a su acto, aprendes a hacer dos, tres, cuatro, cinco... cosas a la vez, ¡y sin que se te caiga ninguna pelota! 

15. Compruebas que nada, ni siquiera las matemáticas, es una ciencia cierta. Al fin y al cabo 1 + 1 = 3, y 3 no son demasiados, sino... una familia. 
Y por fin, como esa leona que defiende a sus cachorritos, a medida que crecen vas "soltando la rienda" y te das cuenta que ser mamá no significa proteger eternamente a tu niño de los peligros, problemas y conflictos de la vida, sino permitir que vaya enfrentando sus pequeños problemitas, confiada en haberle dado las herramientas necesarias para que vaya aprendiendo a solucionarlos. 

10 cosas importantes que todos los niños deben saber a los 10 años.


Ser un padre es sin duda el trabajo más difícil en el mundo. Cuando te conviertes en padre, de repente eres responsable del futuro de tu hijo. Cada padre quiere que su hijo crezca hasta convertirse en un adulto bondadoso, compasivo, inteligente, honesto y trabajador. Con el fin de inculcar esas cualidades en los niños, es importante comenzar a enseñarles cuando son muy pequeños.

Hay tantas cosas que queremos enseñar y mostrarles a nuestros hijos a medida que crecen listos para tomar el mundo por su cuenta. A fin de que sea un adulto consciente, un niño de 10 años ya debería tener claro estas cosas

1. Respetar a los demás
Enseña a tu hijo a respetar a los demás, sin importar su género, edad, raza o puntos de vista religiosos. Asegúrate de que entiendan que mostrar respeto a otras personas es parte de ser un ser humano amable, considerado y compasivo, y esos son grandes valores humanos.

2. Que no tenga miedo de cometer errores
Todos cometemos errores, es parte de ser humano. Enseña a tu hijo que cada error es una oportunidad de aprendizaje. Asegúrate de que saben que está perfectamente bien probar y fracasar, y cuando fallan, enséñales a tener el coraje de intentarlo de nuevo.

3. El conocimiento es más importante que los grados

Enseña a tu hijo que el aprendizaje es lo que realmente importa. Si no contesta algunas preguntas en su examen, con ir y volverlas a estudiar para comprender las respuestas correctas es suficiente. No debe haber drama si no sacan una calificación perfecta, no dejes que piensen que conseguir una “B” o menos, es el fin del mundo.

4. Tu hijo debe saber que puede acudir a ti para obtener ayuda

Muchos padres luchan con la línea entre ser un padre y ser un amigo. Es importante entender que estar allí para tu hijo no significa cruzar la línea. Asegúrate de que tu hijo sepa que puede acudir a ti con preguntas o para contarte sus problemas en cualquier momento, y estarás allí para ayudarle.

5. Que no tenga miedo de levantarse por sí mismo

Mientras le enseñas a tu hijo sobre el respeto, explícale que también tiene el derecho de defender sus creencias u opiniones. Hazle saber que defenderse él mismo es importante, y que siempre hay una manera de hacerlo que sigue siendo respetuosa con los demás.

6. No ceder a la presión de los compañeros
Tu hijo está seguro de enfrentar la presión de los compañeros en algún momento de su vida. Enséñale a que ser honesto y fiel a lo que él es, es mucho más importante que hacer algo que no quiera hacer con el fin de obtener la aprobación de otra persona.

7. Está bien hacer preguntas

Enséñale a tu hijo que está bien hacer preguntas. Si no entienden algo o si son simplemente curiosos, hazles saber que hacer preguntas es una gran manera de ampliar su conocimiento, y nunca deben sentirse avergonzados de hablar.

8. Respetar el medio ambiente
Enseñar a los niños sobre la belleza de la naturaleza les ayudará a aprender a respetar su entorno a una edad temprana. Asegúrate de que sepan lo importante que es cuidar nuestro medio ambiente.

9. Decirle a un adulto cercano si no se siente bien

Asegúrate de que tu hijo sepa que su salud es lo primero. Si se sienten mareados durante la clase de gimnasia, tienen que saber que decirle a un maestro es lo correcto. Un niño nunca debe tener miedo de hablar sobre su salud por temor a que un adulto se enoje. Debe entender que incluso, puede que no consiga que esa persona se entere bien sobre lo que le pasa y está bien, no todos entenderán igual, y entonces debe buscar a otro adulto cercano que conozca y decirle la situación.
10. Aprender a decir “No”

Asegúrate de que tu hijo no tenga miedo de decir “no” cuando sea necesario. Si alguien le hace sentir incómodo o está tratando de hacer que haga algo que sabe que está mal, enséñale a ponerse de pie y decir “no”. Esta lección será muy útil durante toda su vida adulta.