lunes, 5 de febrero de 2018

Mi hijo de 3 años juega a ser niña,estoy preocupada ¿Qué debo hacer?

¿Es normal que un niño con 3 años juegue a ser niña, o le gusten los juguetes de niña? ¿Debemos preocuparnos si nuestro hijo o hija juega a ser un niño del sexo contrario?. ¿Debe inquietarnos que nuestro hijo o hija prefiera otro tipo de juguetes que no sean los típicos que se presupone que son los adecuados para su género? ¿Debemos preocuparnos si a una niña le gustan más los balones y los coches o a un niño las muñecas y los cochecitos de paseo?
En principio la respuesta es un rotundo no. No debería preocuparnos. A esta edad a los niños les gusta recrear situaciones de la vida cotidiana. El juego simbólico, el juego de roles, afloran en esta etapa y veremos como un niño de 3 o 4 años juega a ser mamá, papá, la maestra del cole o su personaje favorito de los dibujos animados, … Tan pronto son Rapunzel como Peter Pan. Tan pronto los veremos preparando una estupenda merienda para sus peluches o para nosotros, como chutar una pelota, jugar con un coche de bomberos o colocarse un escudo y una espada y ser el príncipe valiente!!!
Los niños de 3 o 4 años aprenden mediante el juego a crear situaciones de todo tipo. Y es completamente normal, a pesar de la inquietud que genera en los padres, que los niños se inclinen por los juguetes o ropa de niña. Es curioso, pero genera menos preocupación cuando se da el caso contrario. Es curioso y merece una buena reflexión: ¿por qué no nos preocupamos cuando a nuestras niñas les gusta jugar al fútbol o vestirse de pirata y si lo hacemos si el hombre de la casa prefiere las muñecas?.
La verdad es que el hecho de preferir una muñeca o un cochecito de paseo, jugar a ser una niña, … nada tiene que ver con la futura tendencia sexual de nuestro hijos. 

En el proceso de sentirse niño o niña intervienen, como veremos , otros muchos factores. El jugar o querer hacer “cosas del otro sexo” es algo que no debería preocuparnos, ya que forma parte del desarrollo normal y de la curiosidad, de las ganas de conocer, experiementar e investigar de nuestros hijos.
Tu niño de 4 años, en ocasiones puede pedir que le hagan colas, como las de su mamá, o expresar el deseo de quererse pintar las uñas, o de repente verlos desfilando con nuestros zapatos de tacón!!.  Estas situaciones son de lo más común y normal, fruto de sus ganas de ser como los adultos de referencia (papa, mamá, …) y de la etapa evolutiva en la que están inmersos, dónde prima el juego simbólico.
Como padres que somos debemos fomentar la imaginación y creatividad de nuestros hijos, y para ello no debemos limitarlos, cuánta más variedad de juguetes tengan mejor, cuánta más oportunidades tengan de recrear situaciones de todo tipo sin ser censurados mejor, por tanto deberíamos dejar que nuestros hijos experimenten con todo tipo de juegos y juguetes …
Se trata de evitar estereotipar el juego, la actividad más importante de los niños. Como ya he escrito en otras ocasiones, mediante el juego los niños aprenden, desarrollan su inteligencia y sus habilidades sociales.

La identidad de género, es decir, el reconocimiento de ser niño o niña se define entre entre los 18 y 36 meses, este proceso de identificación hasta los 7-8 años, momento en el que se produce lo que llamamos conservación de la identidad.
El proceso de sentirse niño o niña es una fase que implica factores genéticos, psicológicos, sociales y culturales. 

Para poder determinar si existe o no una alteración en la identidad de género de forma permanente, no solo en el juego, el niño o niña debería presentar otros signos. Siguiendo los criterios del DSM, el manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, para el diagnóstico de trastorno de identidad sexual en los niños, el niño o niña debe manifestar entre otros, cuatro o más de los siguientes rasgos:
1. deseos repetidos de ser o insistencia en que uno es del otro sexo; 

2. en los niños, preferencia por el transvestismo o por simular vestimenta femenina; en las niñas, insistencia en llevar puesta solamente ropa masculina;

3. preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro sexo o fantasías referentes a pertenecer al otro sexo;

4. deseo intenso de participar en los juegos y en los pasatiempos propios del otro sexo.

5. preferencia marcada por compañeros del otro sexo.

Si lo que nos preocupa es que nuestro hijo esté confundido con su identidad sexual deberíamos hablar con nuestro pediatra o con un especialista en psicología infantil. Ellos nos informarán sobre si su conducta es una simple fase normal del juego o bien existe un posible trastorno de la identidad sexual.
Fuente: mamapsicologainfantil.com

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