sábado, 24 de febrero de 2018

La ansiedad puede generar cambios en el comportamiento de los niños

Comerse las uñas, chupar dedo y brincar son los hábitos más comunes en los pequeños que sienten presión o estrés.

Así como los adultos, los niños también pueden sufrir de ansiedad, estrés, cansancio, entre otras afecciones que pueden influir para que adopten ciertos comportamientos que se salen de la cotidianidad.
Comerse las uñas, arrancarse el pelo, morderse los labios, orinarse durante el día, tartamudear, chupar dedo o saltar son algunos de ellos. Aunque muchas personas las llaman hábitos nerviosos, el neuropediatra Álvaro Izquierdo dice que estas palabras “están mal empleadas o se utilizan para referirse a situaciones que muchas veces no están relacionadas con los nervios. Incluso, detrás de ellas puede haber problemas de tipo neurológico, ansiedad o una enfermedad más grave que les cause esta situación”.

Estos comportamientos se presentan usualmente cuando el niño tiene que hablar, o cantar en público, es intimidado por un llamado de atención o siente la presión de los demás. Igualmente, cuando se siente estresado, aburrido o cansado, o tiene un cambio en su vida (entrada al jardín, separación de los padres, etc.), que desencadene un impacto importante.
“Hay más o menos un 10 por ciento de niños que pueden presentar estos comportamientos. Se dan más en niños que en niñas; la relación es como entre 5 niños por una niña”, asegura la sicóloga infantil Natalia Liévano.

Algunos hábitos
•Comerse las uñas.
Según el neuropediatra, se presenta cuando hay cierto grado de ansiedad. Este hábito es el menos grave. Si no existe otro factor asociado, no hay un trastorno delicado en el niño.
•Arrancarse el pelo.
Aunque también existe el factor de la ansiedad, “algunas veces puede presentarse en pequeños con trastornos más serios, como el Trastorno obsesivo compulsivo y el trastorno  desarrollo intelectual”. Esta una manifestación exagerada de un trastorno de ansiedad y no es normal en ninguna condición.

•Temblor fino.
Es notorio cuando el niño coge la cuchara para introducírsela en la boca, a la hora de comer, o cuando va a dibujar. En estos casos, suelen catalogar al pequeño como nervioso, pero “resulta que este tipo de temblor puede ser secundario a un estado de ansiedad o por un medicamento. Incluso, la mayoría de las veces es un temblor de tipo hereditario que se llama temblor esencial y que se manifiesta muy fácilmente en personas de la tercera edad”, dice Izquierdo.
Si el movimiento, el equilibrio, el comportamiento y el pensamiento de estos niños es normal, y el temblor es la única manifestación extraña, no debe haber ningún tipo de alarma, afirma el especialista.

•Saltar.
Brincar sobre un mismo sitio de manera repetida y mover las manos (aletear), en ocasiones, pueden ser signos de ansiedad causados por la emoción que siente el menor. Si no existen patologías detectadas con anterioridad, como el autismo, retardo mental u otros, los padres no deben preocuparse.
Según Izquierdo, “si el niño salta en la punta de los pies cuando se alegra y se le dice que se quede quieto y se sienta tranquilo, no tiene ningún tipo de problema. Pero si, aparte de eso, parece que no escuchara, no obedece órdenes, no tiene contacto visual, no socializa con otros niños, tiene retardo del lenguaje, no habla en un contexto adecuado, puede tener un trastorno”.
•Tics.
Son trastornos neurológicos de carácter involuntario. En los niños, aparecen y desaparecen por periodos y, muchas veces, se quitan solos. En algunos casos, hacen parte de alguna enfermedad.

•Chupar dedo, cobija o ropa.
Es un proceso normal en los niños pequeños. Si se presenta en escolares mayores, adolescentes o adultos es significado de que hay inmadurez emocional, y muy probablemente requiere de apoyo.

¿Cómo diferenciarlos?
Cuando estos comportamientos se presentan de manera individual, pueden ser ocasionados por procesos de cambios, normales en la vida del niño; no obstante, estos pueden causarle estrés o ansiedad.

“Cuando se hace la historia clínica y el especialista se da cuenta que al niño le va bien en el colegio, come y duerme bien, se la lleva bien con los amigos y no tiene problemas en casa, pues es un niño normal”, señala el neuropediatra Álvaro Izquierdo.

“Pero el niño que realmente tiene ansiedad –agrega– no solo se come las uñas, sino que es inseguro; cuando está bajo presión, no se queda quieto; suda más de lo usual. A veces, comen más de lo normal y se mueven constantemente. No es un hecho aislado, sino que afecta mucho más su comportamiento”.

En este sentido, cuando hay varias conductas relacionadas, puede haber un trastorno. Lo más recomendable, es llevar al niño al neurólogo pediatra, al sicólogo o al siquiatra infantil, según sea el caso. Recuerde que cada niño es diferente y el diagnóstico puede variar.

¿Cuánto tiempo duran?
Los hábitos normalmente desaparecen solos. Si después de un año, el comportamiento persiste, se recomienda acudir al especialista. Hay algunos que evolucionan más rápidamente que otros, como el hecho de comerse las uñas; es una acción común y continua.

Aunque chupar el dedo o los bordes de los sacos no es tan usual, “este puede evolucionar rápidamente y, más o menos, entre 6 meses y un año, o cuando desaparece la situación que la dispara, el hábito se acaba” dice Liévano.

Pero, en general, estas conductas desaparecen cuando se le da al niño otras alternativas para superarlos. Esto también está relacionado con la maduración de los pequeños. La sicóloga infantil Natalia Liévano da algunas recomendaciones sobre el tema:
* Hacer consciente al niño. El hecho de que él entienda lo que está sucediendo ayuda a que tenga mayor control.
* Enseñarle a que tenga algunas estrategias para relajarse. Darle alternativas para que sus manos no estén haciendo algo que no implique quitarse el pelo, morderse la uñas o chuparse el pelo. Como, por ejemplo, darle una pelota antiestrés.
* Brindarle acompañamiento; no regañarlo ni castigarlo por eso. Se debe generar mucha aceptación de lo que le está pasando y hacerle saber que no es al único que le pasa.
* Hay que educar al pequeño para que tenga la posibilidad de manejar esas situaciones y, en la adolescencia, no vaya a adquirir otros hábitos más complejos y negativos.

Niños propensos

Hay algunas condiciones que pueden afectar la conducta del niño para que tenga ciertos comportamientos que son estimulados por la ansiedad:
* Inmadurez en el desarrollo emocional.
* Pequeños con trastorno de base. Por ejemplo, niños con Déficit de atención e hiperactividad.
escrito por: Karen Johana Sánchez

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