martes, 20 de febrero de 2018

Por qué un niño de dos años no puede manipularnos. La Teoría de la Mente


 Para las personas que entendemos la educación y la crianza como la entiendo yo, es muy cansado escuchar a personas adultas explicando que bebés de pocos meses de vida manipulan, utilizan a su antojo, mienten y un montón de perversidades que un bebé sencillamente no puede hacer porque biológicamente no está preparado para ello. Incluso aunque fuese el bebé más listo del mundo, seguramente no podría hacer ninguna de estas maldades que tan alegremente se les atribuyen a muchos niños y niñas.

Para explicar por qué no es posible, una opción interesante es tomar la Teoría de la Mente como referencia. Ésta responde a preguntas como: ¿Tienen los niños las niñas una teoría sobre qué es la mente? ¿Qué saben sobre su propia mente y la mente de otras personas? ¿Cómo lo llegan a saber? ¿A qué edad? ¿Cuándo tienen capacidad para engañarnos?
Hay un momento del desarrollo en que niños y niñas son capaces de hablar de sus estados mentales: pensamientos, creencias, deseos, intenciones y son capaces de atribuir y explicar sus propios comportamientos debidos a estos estados mentales comentando aspectos sobre la mente de los demás, anticipando qué conductas tendrán otras personas.

¿Qué significa Teoría de la Mente?

Cuando hablamos de Teoría de la Mente, nos referimos a la capacidad que nos permite interpretar y predecir la conducta de otras personas, es decir, la capacidad de comprender que otras personas tienen mente y de saber además cómo funciona permitiéndonos interpretar y predecir qué conducta tendrán los demás y sabiendo cómo se puede influir en ella con nuestra propia conducta. Comprender que las otras personas tienen mente y que pueden pensar de manera diferente a cómo piensa uno mismo supone un complicado aprendizaje que suele durar varios años. Déjame que te explique un poco más todo esto.
¿Cuando son capaces niños y niñas de comprender sus estados mentales y los de otras personas?

Desde los primeros días de vida, el bebé sabe muchas cosas sobre el mundo, los objetos, las personas y los acontecimientos. Nace preprogramado para procesar la información relevante y está preparado para responder eficaz y adaptativamente en diferentes contextos a los que deberá enfrentarse casi con total seguridad. Tras nuestro nacimiento, somos capaces de construir representaciones adecuadas de la realidad que nos rodea, las cuales nos permiten manejarnos en nuestro mundo y nos hacen diferentes de otras especies animales.

Dicho de otro modo, el desarrollo de la especie se ha encargado de dotarnos de unas habilidades que tenemos “de serie”, por decirlo de alguna manera, que hacen que podamos sobrevivir tras nuestro nacimiento. Si no hubiésemos tenido estas habilidades sencillamente nos hubiésemos extinguido hace muchos muchos años y no estaríamos hablando de todo esto.
Siguiendo en esta línea, en torno al año, antes de que aparezca el lenguaje, niños y niñas realizan interacciones comunicativas con clara intencionalidad. A esta edad pueden resolver un problema como puede ser alcanzar un juguete que está fuera de su alcance valiéndose de un rastrillo para acercarlo. Pero también puede indicar con algún gesto, sonido o mirada a otra persona que le acerque el juguete. En el primer caso, están realizando una acción inteligente empleando un instrumento para conseguir un resultado; esto hay niños y niñas que lo hacen meses antes. Pero al utilizar a terceras personas para lograr el juguete están utilizando mecanismos mucho más sofisticados que requieren no sólo el conocimiento de los objetos y las relaciones entre ellos sino también una comprensión práctica de cómo funcionan las personas en las interacciones sociales. En ese segundo caso, estamos ante una competencia todavía intuitiva para predecir y manipular el comportamiento de otras personas, del tipo: “si hago este gesto, esta persona me ayudará, me acercará lo que quiero”. Esto implicaría una Teoría de la Mente en un niño o una niña que aún no habla o dicho de otro modo, la capacidad de comprender que otra persona tiene mente y las herramientas aún muy básicas para influir en ella y comprenderla. Y digo básicas porque seguramente si por el motivo que sea, esa persona no le acerca el juguete, no lo comprenderá. Desde mi mente adulta puedo pensar que no le da el juguete porque no le apetece, no se dió cuenta de lo que pedía el bebé, es peligroso dárselo… En todas estas opciones razonables para alguien que está en fases posteriores del desarrollo, seguramente el bebé no comprenderá por qué no se le acerca dicho objeto.
La teoría de la mente implica hacer uso de creencias, deseos, intenciones o sentimientos para dar cuenta del comportamiento de otras personas. Supone que la niña o el niño haga uso de verbos relacionados con estados mentales como pensar, creer, recordar, sentir, desear, etc. El proceso de desarrollo tiene lugar entre el año y medio y los cinco años, porque es en esta franja de edad donde empiezan a comprender su propia mente y la de los demás. Al principio de una manera muy rudimentaria, como decíamos, y después más elaborada.

Para estudiar el desarrollo de la teoría de la mente, se utiliza un experimento que se llama “la falsa creencia”. Por ejemplo, se enseña a un niño una hucha y se agita su contenido mientras se le pregunta: “¿qué crees que hay dentro?” Generalmente los niños y niñas hacia los tres años nos dirán que hay monedas. Después se cambian delante de ese niño las monedas por canicas y se le formula una nueva pregunta: Si ahora entrara una persona en la sala que no sepa que hemos cambiado las monedas por canicas y le preguntamos qué cree que hay dentro, ¿qué nos dirá? Los niños y niñas que no han desarrollado aún una teoría de la mente, nos dirán que la persona dirá “canicas”, los que si han desarrollado esa capacidad dirán “monedas” y además, es muy probable que sepan explicarnos por qué, contándonos, por ejemplo, que dirá monedas porque es lo que suele haber en una hucha o algo similar. 
Hay niños que con tres años ya tienen desarrollada la teoría de la mente y otros que la desarrollan a los seis años. Aunque la mayoría de niños y niñas suelen tenerla adquirida hacia los cuatro años.

Como puedes imaginar, la teoría de la mente sirve para comprender el engaño, la mentira o una creencia equivocada y también sirve para engañar y manipular a otras personas o para comunicarse y cooperar con ellas. Los investigadores utilizan la capacidad de engañar a otras personas como indicador de que ya se ha desarrollado esta capacidad y ya les comentaba antes que la media suelen ser los cuatro años. Los niños antes de los tres años, presentan serias dificultades para engañar a otras personas, a partir de los cuatro, ya suele ser más fácil y a los cinco años, hay verdaderos genios del engaño entre nuestros pequeños y pequeñas. Esto se relaciona con que muchos a partir de los cinco años ya han desarrollado una teoría de la mente más compleja.
Dicho esto, a partir de los datos obtenidos en las investigaciones realizadas por numerosos investigadores, tenemos que la mayoría de los niños y niñas menores de tres años, no son capaces de comprender del todo que otras personas puedan tener una mente que piense algo diferente a lo que ellos y ellas mismas piensan. Yo no puedo evitar preguntarme cómo en estas circunstancias, va a ser posible que un bebé de meses o un niño de dos años pueda manipularnos o utilizarnos tal y como muchas personas piensan.

En nuestra sociedad es habitual atribuir características de personas adultas a niños y niñas muy pequeños, en muchas ocasiones con connotaciones negativas, por decirlo de otra manera, casi siempre en relación con algo malo. Supongo que les sonarán frases de este tipo: “te manipula”, “se está aprovechando de ti”, “menudo listo/a, ya te arrepentirás”, “hará contigo lo que quiera, prepárate ya veras”… En muchos casos nos referimos a bebés de pocas semanas de vida o de días. Volcamos nuestras experiencias de adultos en ellos y ellas sin ningún miramiento, considerando que ven el mundo como lo vemos nosotros (personas) equivocándonos en la mayoría de las ocasiones.
 A veces, parece que somos las personas adultas las que no somos capaces de ponernos en la piel de un bebé o una niña pequeña, como si no hubiésemos desarrollado aún la teoría de la mente de la que hoy les hablo y pensásemos que todas las personas ven el mundo desde nuestros ojos, hasta los que aún están en proceso de desarrollo.

Cuando los bebés o los niños y niñas más pequeños, nos piden algo es simplemente porque lo desean, lo quieren, no conocen todas nuestras rígidas normas de qué está bien y qué está mal y tampoco conocen las normas  que nos permiten vivir en sociedad. Ellos y ellas simplemente piden lo que necesitan o desean en cada momento. Afortunadamente, todavía no han aprendido que muchas veces, muchísimas, uno no consigue todo lo que se propone, que aunque hay cosas que parecen fáciles porque están al alcance de la mano, no se pueden tocar porque no nos pertenecen aunque sea injusto que no nos pertenezcan. 
Todo eso, ya llegará, no creo que sea necesario mostrárselo todo de golpe y porrazo en unos pocos meses de su vida, seguro que no es ni sano hacerlo, ¿no crees? Igual que se alarga la fantasía de los Reyes Magos, no sé si con acierto o sin él, podríamos dejarles vivir en un mundo de fantasía a otros niveles menos consumistas y más placenteros a nivel personal, al menos por un tiempo. Seguro que con ello llegarían a las siguientes etapas mucho más relajados, menos a la defensiva, con más ilusión y siendo más idealistas, debemos los grandes avances de la humanidad a personas idealistas, no lo olviden, no a personas conformistas que comprendieron muy pronto que la vida era durísima e injusta y que poco se podía esperar de ella.

Bibliografía: García García, E. et al (2007). Nuevas perspectivas científicas y filosóficas sobre el ser humano. Madrid. Universidad Pontificia de Comillas.
Fuente:  La mamá pequeñita. 

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