miércoles, 7 de febrero de 2018

5 frases que no debes decir a tu hijo cuando llora

El lloriqueo es una herramienta que utilizan los niños para llamar la atención sobre los padres. También es una respuesta a las situaciones que no puede controlar o evitar, ya sea tener hambre, sueño o estar cansado.

Estas lágrimas y quejidos pueden resultar desesperantes a los padres y nos puede llevar a cometer errores y decirles cosas equivocadas que pueden dañar su autoestima. 

Si tu hijo llora... ¡nunca le digas estas frases! 
1- "No llores" o "deja de llorar de una vez": con estas frases estamos enseñando a los niños que llorar es malo. Si regañamos a los niños por llorar comenzarán a reprimir sus emociones, a no mostrarlas ni exteriorizarlas, y esto les llevará a ser adultos que no manejan bien sus sentimientos, no sabrá controlar sus emociones. ¿Qué hacer? Es preferible preguntarle por qué llora, darle apoyo, abrazarle y hacerle sentir querido.
2- "Como sigas llorando te voy a dar yo para que llores con razón": estamos amenazando al niño con un castigo físico, si además lo llevamos a cabo estamos incurriendo en un gran error que es educar con violencia y admitir la agresión como parte de la educación del niño. Estaremos dando pie para que ellos mismos empleen la violencia como respuesta ante determinadas situaciones. ¿Qué hacer? Darle nuestra atención y mostrar que nos preocupa lo que le ocurre, decirle que puede contarnos por qué llora y le ayudaremos a solucionarlo.
3- "Los chicos no lloran": un mensaje sexista y trasnochado. Llorar no tiene sexo, lloran las niñas, lloran los niños e incluso lloran los adultos. Es la expresión de una emoción que no es mala ni pertenece al sexo masculino o femenino. Frases como "no seas una nena" crea niños que reprimen sus emociones y no las exploran, algo fundamental durante el desarrollo de una persona. ¿Qué hacer? Evitarlas siempre y educar a los niños en la igualdad.
4- "No exageres": estamos restando valor a las emociones y acontecimientos que pueden hacer llorar a un niño. Si le decimos que no es para tanto lo que les sucede, ya sea que llore por no ir al parque o porque se le rompió su muñeco favorito, estamos lanzando un mensaje. No les estamos dando la comprensión, ni el apoyo que necesitan. Por lo tanto, no acudirán a nosotros cuando les suceda algo. ¿Qué hacer? Ser siempre esos oídos y hombro en el que llorar y poder desahogarse, hacerles saber que pueden contarnos sus problemas y estaremos allí para comprenderles.

5- "Si lloras, vete de mi vista": lejos de fomentar un vínculo con el niño, estamos creando desapego. Estamos diciendo a los niños que cuando lloran, no pueden recurrir a nosotros, que no estaremos para atenderles o escucharles. ¿Qué hacer? Comprender a los niños, reconocer que su falta de madurez o un mal momento pueden llevarle a tener un berrinche y que lejos de apartarle de nuestro lado, tenemos que acercarle aun más, abrazarle y decirle cuánto le queremos. 

Cómo disciplinar a los niños sin gritar

Muchos padres y madres gritan a sus hijos en un momento u otro cuando estos se portan mal por pura frustración. La mayoría han vivido de niños los gritos de sus padres en casa y lo ven como algo normal. Y más aún cuando ven que otros padres de su entorno también gritan a sus hijos y hablan de ello con toda la naturalidad del mundo. Pero, ¿se puede disciplinar a los niños sin gritar?
Lo cierto es que sí, se puede disciplinar a los niños sin gritar. De hecho, gritar como estrategia de disciplina es una de las formas más rápidas de empeorar los problemas de comportamiento de los niños. Además, gritar se termina convirtiendo en un mal hábito que dificulta el diálogo y la convivencia, porque se convierte en la forma de reacción estándar ante toda situación que cree frustración.
Tal vez consigas llamar la atención de tus hijos a gritos, puede que incluso consigas algo de ellos en ese momento. Pero en realidad solo estás dando lugar a que los problemas de comportamiento aumenten. Esto se debe, entre otros motivos, a que estás enseñando a tus hijos que la manera de gestionar los conflictos y de manejar la frustración es a través de los gritos y la violencia verbal.

Establecer reglas claras
Si estableces reglas claras en cuanto a lo que esperas de tus hijos será menos probable que tengas que recurrir a los gritos. Si los niños tienen problemas para recordar las reglas del hogar es buena idea tener una lista escrita de esas reglas en un lugar bien visible. Esto también servirá de recordatorio para los adultos.

Esta lista escrita recuerda a los niños lo que se espera de ellos. También sirve como un buen recordatorio para los padres acerca de qué comportamientos deben ser abordados. Revisa la lista según cuando sea necesario para adaptarla a las nuevas necesidades. Si los niños son pequeños y no saben leer, utiliza dibujos e iconos.

Explicar las consecuencias que se darán.
Debes explicar las consecuencias por romper las reglas a tu hijo antes de tiempo para que quede claro cómo vas a hacer cumplir las normas. Estas consecuencias pueden ser la utilización de la "mesa de la paz" que consiste en un espacio de reflexión para la resolución de conflictos, porque no se trata sólo de castigar el mal comportamiento, aislando al niño, sino utilizar estrategias que generen reflexiones profundas y duraderas, también resulta, usar consecuencias lógicas para ayudar al niño a aprender de sus errores o quitar algunos privilegios. 

Proporcionar refuerzo positivo

Motiva a tu hijo a seguir las reglas mediante el refuerzo positivo. Si hay consecuencias negativas por romper las reglas, debería haber también consecuencias positivas por cumplir con ellas. Presta atención y reconoce cuando se porte bien y haga lo que se espera de él o ella. Esto puede ayudar a prevenir problemas de comportamiento.

Examinar las razones por la que gritas

Si te encuentras gritando a tus hijos con demasiada frecuencia deberías analizar por qué. Muchos padres descargan su estrés y frustración con sus hijos, aunque ellos no tengan ninguna culpa. En la dinámica familiar los gritos se han convertido en un hábito, en un desahogo o, simplemente, se entra en una rutina tóxica.

Aprende estrategias para calmar tus emociones y manejar la ira de manera sana. Esto  también servirá de modelo para tus hijos, para que aprendan también a controlar sus impulsos.
Si está gritando porque sientes que tu hijo no está escuchando, prueba nuevas estrategias para llamar la atención de tu hijo. Asegúrate de que le estás dando instrucciones efectivas en vez de de seguir repitiéndote a ti misma que el niño no escucha.

Cuanto más se le grita a un niño más probable es que se ponga desafiante. Sin embargo, proporcionando un llamado te atención claro y firme,  muestras a tu hijo que vas en serio y le enseñas el respeto por las normas de una manera saludable y educativa. 

martes, 6 de febrero de 2018

El niño vago no existe, tu hijo puede necesitar más atención.

Hay niños que son etiquetados como vagos, porque no hacen nada o porque se pasan el día sin interés ninguno por nada, apáticos y con pereza. Pero en la mayoría de ocasiones los niños etiquetados como “vagos” no lo son de la noche a la mañana, y es que normalmente se adaptan a un proceso donde los padres suelen estar implicados en que el pequeño acabe teniendo esta actitud ante cualquier circunstancia.

Pero no solo ocurre por este motivo, sino que muchos niños también pueden parecer vagos cuando en realidad solo necesitan más atención de sus padres. Un niño que parece vago en la escuela es muy probable que lo que le ocurre es que pueda presentar dificultades de aprendizaje.
Los trastornos del neurodesarrollo

El doctor José Ramón Valdizán, jefe de servicio de Neurofisiología de la Clínica del hospital Miguel Servet de Zaragoza y de las dificultades del aprendizaje, lo tiene muy claro: el diagnóstico precoz es la clave para poder ayudar a los niños a mejorar la calidad de vida. Y es que cuando un niño parece que es vago, quizá tenga algún tipo de alteración orgánica de origen funcional (neurofisiológico y/o neurobioquímico) del sistema nervioso central y por este motivo se originan problemas neurocognitivos o neuroconductuales.

Trastornos a cualquier edad

Este tipo de trastornos se pueden presentar a cualquier edad en el desarrollo del cerebro y es cuando existe una degeneración, cuando realmente se pueden ver los síntomas más evidentes que se muestran en la vida del individuo. Pero son los niños los que necesitan una atención mayor, puesto que un diagnóstico precoz es crucial para poder asignar el tratamiento adecuado y así mejorar su calidad de vida en todos los ámbitos de su vida diaria.
Detrás de los problemas específicos de aprendizaje pueden ocultarse trastornos del neurodesarrollo como por ejemplo, los niños pueden presentar además,  deficiencias visuales, deficiencias auditivas, malos hábitos de estudio, alteraciones emocionales, apatía, desinterés o desmotivación, etc.

Todos estos problemas si no se tratan a tiempo harán que los niños que lo padecen no puedan tener un desarrollo y una evolución normal en la escuela, algo que causará problemas en su rendimiento al no poder seguir el ritmo escolar normal.
Tener trastornos no es ser vago

Es por todo esto que resulta prioritario que los padres estén atentos a las posibles dificultades que pueden presentar sus hijos en la vida diaria y en el ámbito académico, porque es necesario valorar las situaciones para que los niños sean atendidos de forma adecuada con el profesional indicado en lugar de ser etiquetado como vago.

Los peligros de etiquetar como vago

Un niño que tiene problemas de neurodesarrollo y los padres no se quieren dar cuenta y etiquetan al pequeño de formas negativas como es llamarle vago, puede tener consecuencias devastadoras para el desarrollo del niño o niña: baja autoestima, desadaptación, pobre concepto de sí mismo, inseguridad, dependencia…
Un niño que tiene dificultades de aprendizaje lo último que necesitará son etiquetas negativas en su actitud. En cambio, será imprescindible que los padres se preocupen por saber qué es lo que ocurre exactamente y que pueda recibir el apoyo y la ayuda necesaria tanto en casa, como en la escuela como con profesionales de la salud y la educación.

¡Pero ojo! Una vez que el niño ha sido diagnosticado tampoco se le puede etiquetar con “tdah” o con “tda” o con cualquier tipo de trastorno para explicar su comportamiento, el diagnóstico solo implica el camino que se debe escoger para poder ayudar y dar el apoyo necesario a los niños y nunca para justificar su comportamiento o para etiquertarle de una forma u otra.

La motivación y la constancia
Así que es necesario que ningún niño sea tachado de vago, resulta crucial que los padres estén atentos a sus necesidades pero que sobre todo que los motiven y les hagan entender que la constancia es la única forma de conseguir buenos resultados, independientemente del diagnóstico que se haya tenido.

Un diagnóstico nunca tendrá que ser usado como etiqueta: “es que mi hijo es hiperactivo, no puede conseguirlo”, sino como algo para saber qué necesita: “mi hijo tiene diagnosticado TDAH así que habrá que buscar la forma de poder responder a sus necesidades y motivarlo ante los aprendizajes”.

Así mismo, si un niño tiene desmotivación o falta de interés a causa de los errores, necesitará comprender que los errores son el mejor camino para poder llegar al éxito. Sin errores no hay forma de aprender, la práctica podrá hacer al maestro.

lunes, 5 de febrero de 2018

Bebé de dos años: Desarrollo físico y mental Desarrollo físico y mental.

Lo que más llama la atención de los padres durante esa etapa es la rebeldía que adquiere el bebé. Es un festival de 'no quiero', 'no me gusta' y 'no voy'. En consecuencia de eso, puede que algunos bebés empiecen con las terribles rabietas.

Cada día mejoran en sus movimientos, ya consiguen quitar las tapas de los frascos, jugar con piezas de construcción, vestir y desvestir a sus muñecos, cortarles el pelo, en fin ¡todo un lavado de imagen!

El peso y la talla del bebé de 24 meses
¡Cuánto ha crecido el bebé! A los dos años de edad, el peso medio del bebé es de 12,9 kilogramos y su estatura es de 88 centímetros si es niño. Mientras que si es niña, su percentil medio es de 12,4 kilogramos y 86 centímetros. Un enorme crecimiento para un bebé que hace unos meses cabía entre nuestros brazos.

El desarrollo del bebé de veinticuatro meses

Cada día vemos cómo nuestros pequeños son más independientes, algunos les dicen adiós a los pañales  y se hacen más mayorcitos, otros tardan un poco más, (pero descuida, cada niño tiene su propio ritmo . Les encanta jugar, aunque no tanto compartir sus juguetes con los demás.
Los niños son más posesivos y -es mío- se convierte en su palabra fetiche. No obstante, también hay que tener cuidado con el comportamiento agresivo que esto puede despertar en algunos niños, que llegan incluso a pegar a los demás si éstos cogen algo suyo.

Aparte de eso, el bebé siente una voluntad enorme de subir y bajar escaleras, fortaleciendo así sus músculos. Los globos y las pelotas son dos de los instrumentos que más gusta a los pequeños, aunque en definitiva.. ¡todo lo que sirva para lanzarlo por los aires!

La alimentación del bebé de 2 años
El niño ha de adquirir buenos hábitos en la mesa desde el principio. Sentarle con el resto de la familia y estimularle para que coma sólo será beneficioso para ello. 

Si el niño no quiere comer, no hay que ofrecerle alimentos alternativos, basta con retirarle el plato. No debe picar entre horas ya que le quitará el apetito. Una dieta equilibrada y variada que englobe todos los grupos de alimentos es lo ideal.

El lenguaje del bebé de dos años

A esa edad,  muchos bebés estarán y se sentirán 
capacitados para hablar numerosas y variadas palabras. Ya tarareara canciones, reconocerá los colores básicos, les gusta el abecedario y contarán por lo menos hasta el número diez.
Asimismo, saben decir su nombre a la perfección y contará a sus padres todo lo que aprende en la guardería. También contestarán a las preguntas y hablarán con entusiasmo.

Estímular a un bebé de 24 meses

Todavía no sabe controlar sus emociones. Si el niño pierde el control porque no soporta ser contrariado, no hagas lo mismo, tú eres el adulto y debes controlar la situación, ya que el niño apenas está comenzando a mostrar su carácter y a pesar de que parece que sabe lo que hace, no es el caso. Hay que darle un pequeño toque de atención, pero sin reprocharle, que él saque sus propias conclusiones.

No obstante, de ninguna forma se debe ceder a sus exigencias, para que él no se sienta premiado. Si por cada cosa que el niño haga recibe un premio, se acostumbrará a recibirlos.

Es la hora de establecer los límites con prudencia y seguridad. La educación que reciba ahora será vital para su evolución el día de mañana.

Fuente: Guía infantil

Mi hijo de 3 años juega a ser niña,estoy preocupada ¿Qué debo hacer?

¿Es normal que un niño con 3 años juegue a ser niña, o le gusten los juguetes de niña? ¿Debemos preocuparnos si nuestro hijo o hija juega a ser un niño del sexo contrario?. ¿Debe inquietarnos que nuestro hijo o hija prefiera otro tipo de juguetes que no sean los típicos que se presupone que son los adecuados para su género? ¿Debemos preocuparnos si a una niña le gustan más los balones y los coches o a un niño las muñecas y los cochecitos de paseo?
En principio la respuesta es un rotundo no. No debería preocuparnos. A esta edad a los niños les gusta recrear situaciones de la vida cotidiana. El juego simbólico, el juego de roles, afloran en esta etapa y veremos como un niño de 3 o 4 años juega a ser mamá, papá, la maestra del cole o su personaje favorito de los dibujos animados, … Tan pronto son Rapunzel como Peter Pan. Tan pronto los veremos preparando una estupenda merienda para sus peluches o para nosotros, como chutar una pelota, jugar con un coche de bomberos o colocarse un escudo y una espada y ser el príncipe valiente!!!
Los niños de 3 o 4 años aprenden mediante el juego a crear situaciones de todo tipo. Y es completamente normal, a pesar de la inquietud que genera en los padres, que los niños se inclinen por los juguetes o ropa de niña. Es curioso, pero genera menos preocupación cuando se da el caso contrario. Es curioso y merece una buena reflexión: ¿por qué no nos preocupamos cuando a nuestras niñas les gusta jugar al fútbol o vestirse de pirata y si lo hacemos si el hombre de la casa prefiere las muñecas?.
La verdad es que el hecho de preferir una muñeca o un cochecito de paseo, jugar a ser una niña, … nada tiene que ver con la futura tendencia sexual de nuestro hijos. 

En el proceso de sentirse niño o niña intervienen, como veremos , otros muchos factores. El jugar o querer hacer “cosas del otro sexo” es algo que no debería preocuparnos, ya que forma parte del desarrollo normal y de la curiosidad, de las ganas de conocer, experiementar e investigar de nuestros hijos.
Tu niño de 4 años, en ocasiones puede pedir que le hagan colas, como las de su mamá, o expresar el deseo de quererse pintar las uñas, o de repente verlos desfilando con nuestros zapatos de tacón!!.  Estas situaciones son de lo más común y normal, fruto de sus ganas de ser como los adultos de referencia (papa, mamá, …) y de la etapa evolutiva en la que están inmersos, dónde prima el juego simbólico.
Como padres que somos debemos fomentar la imaginación y creatividad de nuestros hijos, y para ello no debemos limitarlos, cuánta más variedad de juguetes tengan mejor, cuánta más oportunidades tengan de recrear situaciones de todo tipo sin ser censurados mejor, por tanto deberíamos dejar que nuestros hijos experimenten con todo tipo de juegos y juguetes …
Se trata de evitar estereotipar el juego, la actividad más importante de los niños. Como ya he escrito en otras ocasiones, mediante el juego los niños aprenden, desarrollan su inteligencia y sus habilidades sociales.

La identidad de género, es decir, el reconocimiento de ser niño o niña se define entre entre los 18 y 36 meses, este proceso de identificación hasta los 7-8 años, momento en el que se produce lo que llamamos conservación de la identidad.
El proceso de sentirse niño o niña es una fase que implica factores genéticos, psicológicos, sociales y culturales. 

Para poder determinar si existe o no una alteración en la identidad de género de forma permanente, no solo en el juego, el niño o niña debería presentar otros signos. Siguiendo los criterios del DSM, el manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, para el diagnóstico de trastorno de identidad sexual en los niños, el niño o niña debe manifestar entre otros, cuatro o más de los siguientes rasgos:
1. deseos repetidos de ser o insistencia en que uno es del otro sexo; 

2. en los niños, preferencia por el transvestismo o por simular vestimenta femenina; en las niñas, insistencia en llevar puesta solamente ropa masculina;

3. preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro sexo o fantasías referentes a pertenecer al otro sexo;

4. deseo intenso de participar en los juegos y en los pasatiempos propios del otro sexo.

5. preferencia marcada por compañeros del otro sexo.

Si lo que nos preocupa es que nuestro hijo esté confundido con su identidad sexual deberíamos hablar con nuestro pediatra o con un especialista en psicología infantil. Ellos nos informarán sobre si su conducta es una simple fase normal del juego o bien existe un posible trastorno de la identidad sexual.
Fuente: mamapsicologainfantil.com

sábado, 3 de febrero de 2018

¿Cómo saber si tu hijo tiene el trastorno oposicionista desafiante?

El trastorno oposicionista desafiante es un problema bastante común en la infancia.  De hecho, se trata de uno de los motivos más frecuentes de consulta psicológica por parte de los padres, quienes acuden en busca de una solución para el comportamiento desobediente de sus hijos.

No obstante, si bien este trastorno es bastante habitual, los padres suelen conocer muy poco sobre su etiología y síntomas característicos. Normalmente lo consideran un problema temporal, consecuencia de la edad, de manera que no le otorgan demasiada importancia.
Sin embargo, el trastorno oposicionista desafiante entraña un riesgo mayor ya que puede dar pie a un trastorno disocial de la conducta, desarrollar una personalidad antisocial en la edad adulta y presentar problemas sociales y académicos. Por eso, es vital que los padres aprendan a identificar sus síntomas para que acudan cuanto antes al psicólogo en busca de un tratamiento para sus hijos.
10 señales que desvelan a un niño con el trastorno oposicionista desafiante

Para los padres suele ser muy difícil identificar que su hijo tiene el trastorno oposicionista desafiante. Sin embargo, en la mayoría de los casos los signos empiezan a aparecer desde la edad temprana, alrededor de los dos o tres años, por lo que es importante que prestes especial atención a las conductas disruptivas del niño desde que es pequeño.

He aquí, algunos de las señales que pueden indicarte que tu hijo tiene un trastorno oposicionista desafiante:

1. Tiene rabietas con frecuencia, sobre todo cuando no consigue lo que quiere. A menudo también discute con los adultos intentando imponer su criterio.
2. A menudo muestra una actitud muy terca. Cuando se trata de hacer lo que quiere, suele ser muy insistente, sobre todo si se trata de algo prohibido.

3. Es muy poco tolerante con las órdenes. La mayoría de las veces se niega directamente a cumplirlas e incluso, en ocasiones llega a desafiar a los adultos.
4. La mayor parte del tiempo muestra una actitud desafiante y deliberada sin causa aparente o provocada por motivos insignificantes. En estos casos su objetivo es molestar a los demás.

5. Es incapaz de aceptar las consecuencias de sus propios actos, por lo que muchas veces culpa a los demás de sus errores y comportamiento.
6. Insulta a los adultos y a sus coetáneos, en la mayoría de los casos instado por causas insignificantes. También suele usar palabras despectivas y se muestra violento con frecuencia.
7. Suele responder de forma resentida, rencorosa y colérica ante cualquier tipo de circunstancia, muchas veces sin motivo. Esto porque suele perder la paciencia con facilidad.

8. La mayor parte del tiempo tiene una actitud negativa. Usualmente se niega a comprometerse con los adultos o sus amigos, a la vez que le resulta muy difícil negociar y llegar a un consenso.

9. Presenta episodios ocasionales de violencia física, con o sin motivo real. Le resulta difícil controlar sus reacciones y mantener bajo control sus emociones.

10. Presenta un deterioro significativo en el área de las relaciones sociales ya que le cuesta hacer nuevos amigos y más aún, conservar los que tiene. También suele tener un bajo rendimiento académico.

Vale aclarar que para diagnosticar un trastorno oposicionista desafiante en la infancia deben presentarse gran parte de estos síntomas durante al menos 6 meses, así como manifestarse en todas las esferas de la vida del pequeño. También es importante tener en cuenta las causas que están provocando este comportamiento en el niño ya que existen algunas circunstancias que pueden generar este tipo de reacciones sin que se trate precisamente de este tipo de trastorno.
Fuente: etapa infantil

¿Por qué siempre cogemos a los bebés por el lado izquierdo?

Si te fijas en cualquier mamá que lleva a su bebé en brazos, te darás cuenta de que la mayoría lo apoya en la cadera izquierda. ¿Por qué?

Da igual que la mamá sea zurda o diestra, lo cierto es que la mayoría de mujeres (entre un 70 y un 85%) coge a su bebé por el lado izquierdo. Hasta hace poco se pensaba que esto se debía a una característica evolutiva, pero un reciente estudio publicado en la revista Nature Ecology and Evolution, sostiene que se debe a que colocar al bebé en ese lado permite al lado derecho del cerebro procesar las emociones que hay a nuestro alrededor para darnos cuenta de qué está pasando. Y es que el hemisferio derecho del cerebro es el encargado de la inteligencia emocional, es decir, de saber cómo interactuar con otras personas y procesar sus emociones.
Así, podemos poner a nuestro bebé a salvo rápidamente si algo malo sucede ya que nuestro cerebro está alerta ante cualquier signo peligroso que se pueda detectar en otras personas o seres vivos.

Esto ayuda además a las mamás a conectar mejor con el bebé y entender qué le pasa si llora o ríe. "Nuestros hallazgos sugieren que la lateralización sensorial facilita el vínculo madre-hijo", dicen los autores del estudio. La mamá puede estar más atenta a las emociones del pequeño y atenderle en seguida si le pasa algo, tiene hambre, sueño, miedo, etc.
Y, por último, en el lado izquierdo está nuestro corazón, así tenemos a nuestro pequeño más cerca de él y le permitimos que escuche su sonido, algo que siempre tranquiliza a los bebés.

Para llevar a cabo la investigación, examinaron 10 especies diferentes de animales (incluyendo seres humanos) y observaron cómo cada una de ellas cogía a sus crías. Esto les permitió darse cuenta de que casi todas cogían al bebé por el lado izquierdo para poder procesar la información que recoge el lado derecho del cerebro y así estar atentas a todo lo que pasa a su alrededor.

Por lo tanto, coger a nuestros bebés por el lado izquierdo no es algo fortuito, es un rasgo más de la supervivencia que acompaña a los seres vivos y que les permite desarrollar características para poner a salvo a sus crías.