miércoles, 4 de abril de 2018

Edúcame para que me quiera. Autoimagen.

 AUTOIMAGEN

“Con esa camisa estas feo”, “te pones tan fea cuando te enfadas”, “estas fea con esos calcetines por fuera del pantalón”…. y así se repiten mensajes desde la primera infancia por parte de los padres. En ellos los niños y niñas, hacen cosas que no aceptamos y les envíamos un mensaje negativo, en forma de juicio de valor sobre uno o varios aspectos de su persona (autoimagen).

Son dañinas para su autoimagen esas atribuciones externas, sobre todo porque están codificando que los mensajes que les damos son ciertos “porque somos sus padres”. Cuando alcanzan la adolescencia buscan validarse desde fuera con su grupo de iguales, sin embargo nosotros reprobamos que tomen como ciertas las afirmaciones que otros hagan sobre ellos y ellas.
El respeto que le debemos a nuestros hijos es vulnerado con este tipo de mensajes. Le educación familiar pasa por alto esta valor moral convertido en virtud, y que mantendrá sana su relación con nosotros.

“Crecen tomando como auténticas las afirmaciones que hacemos de ellos, y cuando tienen 12 años les decimos que no es importante lo que digan los demás de ellos o ellas”.

Sin duda, enseñar desde que son pequeños herramientas a nuestros hijos para que se conozcan y “reconozcan” en lo que hacen, sienten y piensan, les ayudará a crecer con una autoestima fuerte. Nos enfrentamos desde la familia a los estigmas y prejuicios (sociales, culturales y sexistas) con los que deberán lidiar nuestros hijos desde que empiezan en la escuela infantil. Si las cuentas no me salen mal, hasta los 10 años puede que nuestro hijo haya oído de sus padres al menos 300 “estás feo” (desde un modelo tradicional)…
“Recuerdo una tarde que una niña de 7 años le preguntó a su hermana pequeña, ¿estoy gorda o flaca?”

Se integran en su forma de pensar estos mensajes que les damos, recuerda como alternativa los siguientes hábitos:

Habla de su conducta, no juzgues a su persona (esto incluye también sus creencias).
Cuéntale como eras de pequeño, tus sueños y a lo que jugabas a su edad, les ayudará conocer tu niño o niña interior.

Evita hablarle de su aspecto físico desde un tono negativo o de comparación.

Relaciona los hábitos alimenticios no con “estar gordo o flaco”, sino con su salud y bienestar.

Cuida los mensajes que das de tí mismo/a, pueden ser igual de destructivos.
El adjetivo feo o fea, podríamos dejar de usarlo en la infancia, adolescencia y en la vida adulta, pues ninguna persona merece tal atribución, y más teniendo en cuenta que los cánones de belleza son temporales, y responden a necesidades mercantilistas y de consumo.
Fuente: Emociones.Edu

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