martes, 27 de febrero de 2018

Tratar con cariño es tocar con respeto el alma del otro


Tratar con cariño es el mejor signo de respeto hacia los demás. Es sinónimo de bondad, de amabilidad, de respeto y de amor. Porque, ¿qué sentido tendría que no tratásemos con cariño a aquellas personas que amamos? La respuesta es sencilla: ninguno.

Pero esta afirmación tan aplastante muchas veces no es sinónimo de realidad. De hecho se nos olvida con facilidad la importancia de tratar con delicadeza, de posar nuestras manos emocionales sobre los demás y dedicar actos y palabras de cariño en el día a día.
Malas contestaciones, faltas de respeto, impertinencias, gritos, exigencias… Seguramente cada una de estas reacciones está demasiado presente en nuestras relaciones y en nuestra manera de interactuar.

Cómo conectamos emocionalmente.

Una palabra, una pregunta, un gesto, una mirada, un roce… Cualquier expresión constituye un intento de conexión emocional con el que venimos a decir “Quiero sentirme conectado a ti”. En base a esto recibiremos una respuesta positiva o negativa a nuestra solicitud.
Si nos paramos a pensar, es abrumadora la frecuencia con la que ignoramos o damos respuestas desagradables ante estos intentos de conexión. De ahí la importancia de aprender a tratar con cariño, a tocar con respeto a los demás.

Así, los intentos de conexión emocional serían mucho más fructíferos si supiésemos reconocer las necesidades emocionales de los demás. Muchas peleas son consecuencia de malas interpretaciones y de la sensación de desconexión que pueden evitarse con una conversación.
Al no conversar desde el respeto con los demás nuestras relaciones se marchitan y se deterioran. Conversaciones sin mantener, gestos de cariño sin atender, peleas, falta de empatía, etc. Cuando dejamos de lado la importancia de conectar, solemos propulsar nuestro propio aislamiento, nuestra insatisfacción y nuestra inestabilidad.

Las respuestas a los intentos de conexión emocional.

Las relaciones completas y satisfactorias no se consiguen de un día para otro, sino que necesitan desarrollarse poco a poco con múltiples gestos que forjen una estabilidad y un cariño en nuestros patrones de interacción.
Digamos que cada día y con cada pequeño gesto vamos colocando ladrillos en nuestro castillo y que, por supuesto, esos intercambios constituyen los pilares de la información emocional que alimenta nuestro afecto.

Las respuestas positivas conducen a una interacción continuada y saludable. Constituyen el toque a toque maestro de un partido de ping pong en el que ambos participantes juegan con gusto. Sin embargo, las respuestas negativas cancelan cualquier intento de conexión. O sea, si uno lanza la pelota y el otro no mueve su pala, el partido se acabó.
En resumen, tenemos varias opciones para responder a los intentos de conexión y, conforme a ellas, jugaremos durante más o menos tiempo al ping pong. Veamos qué maneras tenemos de responder ante un gesto por parte de los demás:

Responder con empatía al otro: por ejemplo, cuando una persona hace un comentario jocoso y la otra se ríe. Si fomentamos este tipo de conexiones obtendremos como recompensa relaciones duraderas y llenas de buenas sensaciones.

Responder con hostilidad: a las personas que responden con hostilidad se les puede llamar beligerantes o discutidoras. Usar este tipo de contestaciones denota sarcasmo y desprecio. Un ejemplo sería: “Me gustaría comprarme un coche” y la respuesta hostil: “Con tu sueldo ni lo sueñes”.
Ignorar al otro: esto es sinónimo de no hacer caso a las actitudes del otro, lo cual obviamente destruye nuestras relaciones.
Tratar con cariño a las personas que apreciamos no debe ser una excepción, sino una regla. Muchas veces descuidamos estos detalles y desmadejamos nuestra relación, la cual se deteriora sin remedio.

Así que pongámonos las pilas y cuidemos las respuestas que damos en nuestro día a día. No dejemos que se alimenten los malos gestos y atendamos a los intentos de conexión emocional como debemos, con respeto y tolerancia.
Fuente. La mente es maravillosa. 

5 consejos para evitar los celos entre hermanos.

Es absolutamente normal que los hermanos sientan celos entre ellos; de hecho, los celos fraternales están tipificados dentro del ciclo evolutivo del niño: surgen normalmente cuando nace un nuevo hermanito y el hermano mayor tiene entre 2 y 5 años. Los psicólogos explican que los celos entre hermanos pueden presentarse de dos maneras: los que sienten los hermanos mayores hacia los menores y, a la inversa, los que sienten los hermanos menores hacia sus hermanos más grandes.
Lo más habitual es que los hermanos mayores sientan celos hacia los pequeños; cuando esto sucede, normalmente el hermano mayor suele “retroceder” en sus conductas, es decir tiene comportamientos infantiles, de imitación a su hermano pequeño. Estos síntomas irán desapareciendo o se irán reduciendo a medida que el niño más mayor se vaya a adaptando a la llegada de su hermano pequeño y vaya creciendo y comprendiendo más cosas.
Pero si tu hijo mayor está todavía en la etapa más sensible del proceso de adaptación a la llegada de su nuevo hermano, entonces te vendrá bien seguir estos consejos:

Alimenta tu vínculo con cada uno de tus hijos

Antes de que el nuevo bebé nazca, asegúrate de hablar abiertamente y con sinceridad con tu hijo mayor. Los niños entienden más cosas de los que los adultos pensamos, y además de ello está comprobado que en los hogares donde los padres tienen un estilo de crianza abierto, comunicativo, en el que se trata de igual manera a los niños, existen menos celos entre hermanos.

Es bueno ayudar a los niños cuando sientan celos de su hermano pequeño y reforzar su autoestima

Cuando existe una buena relación afectiva padre-hijo antes del nacimiento del hermano se minimiza el riesgo de conflicto posterior con la madre por motivos de los celos fraternales.

Trata de entenderlo

Tras el nacimiento de un bebé es normal que muchos niños pequeños se sientan muy emocionados y que por las noches estén más nerviosos y les cueste dormir. Si tu bebé todavía está en la fase de apego, es posible que necesite ayuda porque quizás se volverá menos independiente y más inseguro. Ayúdalo a comer, acompáñalo y juega con él.

Si tu hijo es pequeño y está pasando por un momento así, no pienses que se siente celoso, más bien entiende que tu hijo es muy perspicaz y se da cuenta de que lo que ocurre es que tu atención ahora está dividida.

Invítalo a que te ayude a cuidar a su nuevo hermano
A veces los niños solo tienen curiosidad y quieren participar de todo lo que tiene que ver con la llegada de su nuevo hermanito. Por eso es bueno involucrarlo en las cosas que tienen que ver con el bebé antes de que nazca. Por ejemplo, cuando estés embarazada, háblale de cómo será tener un nuevo hermano, invítalo a opinar sobre el color del cuarto o sobre el nombre que tendrá. Es muy importante que tu hijo mayor sienta en todo momento que es un miembro importante de la familia.

Y cuando el bebé nazca, invítalo también a que participe en algunas de las tareas relacionadas con el cuidado del recién nacido. Es importante que pases tiempo a solas con él, como hacías antes, pero que también se dé cuenta de que a partir de ahora su nuevo hermanito ocupará un lugar importante en vuestras vidas.

Para evitar los celos fraternales, se puede invitar al hermano mayor a participar de los cuidados del pequeño

Evitar las comparaciones entre los niños
Trata de no establecer comparaciones entre los dos. Muchos de los comentarios hechos sin malicia pueden crear en el hermano mayor una sensación desfavorable y alimentar los celos fraternales. A medida que crezcan, aprende a destacar lo mejor de cada uno, así cada uno sabrá cuáles son sus cualidades y aprenderán a diferenciarse sanamente. No es lo mismo explicarles a los niños que son diferentes cuando sean adolescentes que cuando son niños.

El cariño del padre disminuye los celos fraternales

Cuando un bebé llega a casa, inevitablemente la rutina cambia. La madre tendrá que atender al bebé y atenderse a sí misma durante la cuarentena, así que es probable que los primeros días esté algo agobiada; en esos momentos será el padre el que deba atender los requerimientos del hijo mayor.

Así, el niño buscará a su padre cuando mamá esté ocupada, lo cual es bueno, pues alimenta el vínculo familiar y ayuda a que el niño pueda conservar sus rutinas con la ayuda de su padre. De esta manera no se sentirá desplazado en sus horarios de comida, sueño, estudios o baño.
El niño podrá disfrutar de la llegada de su hermano con la ayuda de sus padres. Trata a tus hijos de igual manera, presta atención a los dos y dedica tiempo a cada uno; con el paso de los días te darás cuenta de que encontrar tiempo para las cosas que verdaderamente nos importan es más fácil de lo que crees, incluso cuando hay un nuevo bebé a la casa.
Fuente: Guía infantil.

lunes, 26 de febrero de 2018

Autocontrol emocional para padres y madres.

 La labor educativa de los padres y madres se ve en muchas ocasiones comprometida debido al nerviosismo, la excesiva preocupación o el agobio. Muchos padres y madres toman medidas apresuradas, excesivas o injustas ante las conductas de sus hijos/as por tener un excedente de ANSIEDAD. Los padres, madres y educadores deberían ser capaces de aprender a manejar su ansiedad en la relaciones con sus hijos/as para ser más competentes en el rol de educadores.

¡Cuando estamos muy nerviosos EDUCAMOS PEOR!
Los hijos "ponen a prueba" LA PACIENCIA de los padres y madres desde que éstos son bebés. 

Pero, ¿cómo funciona la ANSIEDAD? 

“La ansiedad es una respuesta psicobiológica -física y mental- natural ante hechos que suponen una amenaza o un peligro para la integridad de la persona”. 

Consecuencias del exceso de ansiedad en la relación con los hijos:

-La ansiedad hace que los padres y madres tomen medidas más graves: castigos, zurras, gritos o amenazas.

-La ansiedad repercute en la "lucidez" de las decisiones de los padres y madres: Ej. "una excesiva preocupación nos hace proteger en exceso".
-La ansiedad hace que se propongan objetivos a muy corto plazo, existe la necesidad de obtener rápidos rendimientos en las medidas educativas adoptadas.

-Un exceso de ansiedad contribuye a crear un clima familiar tenso y agobiante: "Todos se persiguen, todos discuten, todos se preocupan,...". También repercute sobre las formas de comunicación que se establecen en la familia.

Y las respuestas de ansiedad de los padres y madres son imitadas por sus hijos/as: Los padres y madres también presentan modelos de ansiedad, aunque también pueden ser modelos de autocontrol.

Algunas orientaciones generales para manejar la ansiedad en familia :

-Aprende a analizar las situaciones que desencadenan tus respuestas de ansiedad: Determina qué hacen concretamente los hijos que te pone nervioso/a o te preocupa. En ocasiones puedes decidir EVITAR la situación que desencadena tu reacción.

-Descubre "tus señales" de ansiedad, y aprende a identificarlas anticipándote a tus respuestas. Sé consciente de tu irritación o tu cansancio antes de tomar una decisión en relación a tus hijos. Pregúntate antes de actuar: "¿esta medida la tomaría en otro momento si no estuviese tan cansado/a?"

-Analiza de qué forma tus pensamientos "contribuyen " o participan en tu manera de reaccionar, y aprende a pensar de forma más racional, menos extrema o pesimista. Unas expectativas poco realistas con respecto a tus hijos/as, interpretar las situaciones en términos de catástrofe, o mostrarse muy exigentes con tus hijos o contigo mismo/a son "formas de pensar" que contribuyen a "problematizar" en exceso las situaciones y a dar más respuestas de ansiedad.

Algunas Ideas Irracionales de los padres y madres que condicionan las actitudes educativas de estos y les generan ansiedad:

- Los hijos deben querer a los padres tanto como estos les quieren a ellos, y aprobar todo lo que hacen porque siempre tienen razón.

- Los padres y madres son los amos y dueños de los hijos y tienen que enseñarles lo que es bueno.

- Soy mejor padre o madre si me preocupo continuamente por mi hijo/a.

-Las madres tienen que ser muy competentes y casi perfectas en todo lo que hacen porque sobre ellas recae la responsabilidad de la familia.

- A los hijos hay que educarles de la misma manera y dar lo mismo a todos ellos.

- Es horrible cuando los hijos/as no son como quisiéramos que fueran.

-Hay que conseguir la obediencia por la fuerza porque tenemos más poder que los hijos.

- Con los hijos hay que pensar siempre en su futuro y preocuparnos para que todo les vaya bien y no tengan problemas.

- “Genio y figura...”, “De tal palo, tal astilla”, “Ha nacido así y...”, todos estos refranes aplicados a los hijos son totalmente ciertos.

- Los hijos son frágiles y nunca deberían sufrir daño alguno.

- Las buenas relaciones familiares están basadas en el sacrificio mutuo y en la idea de dar.

- Si no te esfuerzas por agradar a los demás, estos te abandonarán y rechazarán.

- El enfado es malo y destructivo siempre.

- Como padre o madre está mal o es un error ser egoísta.

Desarrolla de forma cotidiana actividades ( preferiblemente físicas y sociales) donde puedas "aliviar o descargar" las tensiones diarias: Realiza ejercicios físicos tales como natación, pasear, bailar, ...

Aprende a relajarte: dedica algún momento al día a practicar "relajación". Si los padres "están relajados" es más fácil que los hijos e hijas también lo estén.

También es interesante que les enseñes a tus hijos/as a RELAJARSE

...Dedícate un tiempo a ti mismo/a a lo largo de la semana realizando alguna actividad muy gratificante, que te enriquezca o te relaje. Desarróllate como persona además de como "papá o mamá".

Emplea la RESPIRACIÓN PROFUNDA para enfrentar los momentos de más ansiedad. Cuando observes que la ansiedad te invade, y antes de dar una respuesta excesiva, RESPIRA profunda y tranquilamente
-Retrasa la decisión o la respuesta cuando te sientas inundado/a por la rabia o el enfado. "Ahora estoy muy enfadado, luego hablamos"

-Antes de agredir o gritar "escapa de la situación": haz que tus hijos/as abandonen la habitación o aléjate tú mismo/a.

-Prepara una actuación alternativa en tus "explosiones" de ira y refuérzate cuando detengas la respuesta agresiva. Ejemplo: "Unicamente hablaré con voz firme, pero no le daré UN CACHETE"

Busca la compañía de otras personas que se encuentren en tu situación o tengan problemas parecidos y comunícate sinceramente con ellas. COMPARTE CON TU PAREJA TUS PROBLEMAS DE ANSIEDAD en relación a la educación de tus hijos/as
Escuela de padres y madres. 

No te preocupes, lo estas haciendo bien

No te preocupes mamá, porque lo estás haciendo bien. Porque todos tus desvelos nocturnos para atender llantos tienen sentido, porque sabes que alimentar con caricias es educar en fortalezas y porque nadie más que tú sabe lo que necesita tu hijo en cada momento.

Los expertos en crianza suelen indicarnos que sería muy necesario que se desarrollara algún tipo de medicina integral donde además de atender la salud de la madre y el hijo, se cuidara a su vez de las emociones, de “ese todo” que somos las personas donde cualquier pieza en desequilibrio, puede afectar al resto.
Algo que toda madre sabe es que no hace falta haber dado a luz a un hijo para saber lo que es el amor, sin embargo, la maternidad, por sí misma, no nos exime de tener ciertos miedos. Tememos que nuestros hijos dejen de respirar mientras duermen, nos preguntamos cada día si lo estaremos haciendo bien, y si tal y como nos dice nuestra propia madre o amigos, estamos “malcriando” demasiado a nuestros niños.

Nadie viene a este mundo sabiéndolo todo sobre crianza, sin embargo, hay algo que debes tener claro: lo estás haciendo bien, y si en algún momento tienes dudas, quien mejor te puede aconsejar es tu pediatra. Lo que diga la voz popular carece de importancia ante el instinto de una madre y la confianza de nuestros profesionales de la salud.
Los tres miedos de toda madre.

En ocasiones, los miedos de toda madre vienen marcados por su propia historia personal y familiar. Una infancia compleja, donde han existido carencias afectivas o maltratos provoca que por lo general, cualquier mamá desee evitar esos mismos abismos personales y ofrecer a sus hijos todo aquel equilibrio personal, afectivo y psicológico del que ella misma careció en su niñez.

Asimismo, cuando una mujer no se siente bien en su vida personal, con su pareja o con su situación profesional, desarrolla también muchas ansiedades que se esfuerza cada día por controlar y aliviar, para que todo ello, no afecte a la crianza de su hijo.
La maternidad es un escenario lleno de círculos. Por una parte está nuestro pasado personal, después está el de la propia sociedad y el contexto social y afectivo donde estamos incluidas. El último círculo, es el más delicado e importante, es el que establecemos con nuestros bebés.

Veamos ahora cuáles son los tres miedos que por lo general, suele experimentar una madre hasta el punto de pensar que hay cosas que no está haciendo bien.
Miedo a no saber entender las necesidades del niño. Esta es una realidad tan común como comprensible. Es más, aún teniendo varios hijos siempre aparece la misma inquietud, porque cada bebé es diferente y presenta unas necesidades.

No obstante, lejos de construir miedos alrededor de esta dimensión hay que recordar algo: tú eres la mejor respuesta a toda necesidad de tu niño. Ese vínculo que creas con él nada más llegar al mundo hará que seas intuitiva a muchas de sus demandas. Además, cuentas con el apoyo de maravillosos profesionales de la salud que te aconsejan en todo momento.

Miedo a cometer los mismos errores que hicieron nuestros padres. De un modo u otro, todos tenemos alguna imagen en nuestra mente sobre lo que nuestra familia hizo o no hizo cuando nosotros éramos niños. Ahora bien, vale la pena tener en cuenta que ser padre, ser madre no te exime de cometer algún error. Porque los padres perfectos no existen.

No obstante, lo esencial es “estar presente”, estar ahí para tus hijos siempre que te necesiten.

Miedo a no saber hacer felices a nuestros hijos. Este es otro temor habitual. No obstante, no hay que obsesionarse con ello. Basta con recordar unas claves esenciales: escucha a tu hijo, respeta sus tiempos, enséñale a ser responsable, hazle sentir que es una persona especial, y recuérdale que siempre estarás con él en cada sendero que elija tomar en libertad.

Lo estás haciendo bien, eres una mamá completa.

En un interesante artículo publicado en la revista “Psychologies” se nos define un interesante concepto por el cual, descubrirás sin duda que lo estás haciendo maravillosamente bien como madre.
Se trata de la idea de la “mamá completa”. Estos son los principales ejes vertebradores que configuran esta idea, esta imagen a la que todas deberíamos aspirar:

La madre completa no se ve a sí misma como una mamá perfecta, sino como una persona que aprende cada día para darle lo mejor a su hijo con base a sus necesidades.

La mamá completa no proyecta sus problemas emocionales sobre sus hijos. Un día gris en el trabajo, una discusión con la pareja no afecta a la calidad de su relación con sus hijos.
Una mamá completa no controla, no sobreprotege, ni corta las alas de sus niños. Les enseña qué es la responsabilidad y la madurez para que el día de mañana, sean adultos libres y felices.

La mamá emocional ofrece un maravilloso legado emocional que ayuda a sus hijos a fortalecer su autoestima y la seguridad en ellos mismos.

Vale la pena tenerlo en cuenta y confiar siempre en nosotras mismas y si nos equivocamos, volver a empezar, volver a intentar, siempre pensando en mejorar. 
Fuente: Eres mamá.

El niño que siempre pierde sus cosas


Cuando un niño olvida o pierde sus cosas continuamente, suele responder a una falta de responsabilidad. Unos padres muy protectores o una educación excesivamente permisiva favorece en los hijos conductas pasivas y de dependencia porque la responsabilidad se aprende en el hogar. Es necesario que los padres la fomenten aumentando la autonomía del niño.

Enséñale a ser más responsable

Si cada vez que Juan vuelve a casa sin algo, su madre le regaña, pero se lo reemplaza sin más, Juan seguirá dejándose sus cosas por ahí. Por el contrario, si Juan sufre las consecuencias de la pérdida, la próxima vez pondrá más interés. Para que un niño interiorice la necesidad de cuidar sus pertenencias, debe comprender que cuando algo se rompe o se pierde él es el principal afectado.
Lo más adecuado es que las consecuencias surjan del objeto perdido. Por ejemplo, si pierde el balón no le compramos otro con el cual pueda seguir jugando. Pero esto no siempre es posible; no vamos a dejar que se constipe por haber perdido el gorro o que se retrase en los estudios por perder el libro de lengua. En estos casos, podemos, acordar previamente, que cuando pierda un objeto de valor deberá comprar dicho objeto con el dinero de su paga o, si se trata de algo caro, dejarle sin paga hasta que abone su parte. 

Por supuesto, es importante mostrarle que ser responsable también tiene sus consecuencias positivas: a mayor responsabilidad mayores privilegios y más libertad.

Contra los despistes

Quizás estás pensando que tu hijo es muy responsable, pero aún así pierde las cosas. Con niños muy despistados también podemos elaborar guiones que le ayuden a recordar.
Se trata de elaborar pequeñas historias que le sirven para recordar: “Antes de ponerme el abrigo compruebo que llevo todo en la mochila –estuche, cuadernos, libros-. Y antes de salir del cole compruebo que llevo todo puesto –jersey, gorra-“.

Para ayudar al niño a poner en práctica estos esquemas, hay que empezar por aplicarlos en casa. En una primera fase, le damos instrucciones concretas: “Antes de ponerte el abrigo vamos a comprobar qué llevas en la mochila… Ahora que hemos visto que está todo, antes de salir de casa vamos a repasar qué llevas puesto…”. A medida que el niño va aprendiendo, hay que reducir el número de indicaciones –has comprobado que tienes todo lo que necesitas- hasta eliminarlas por completo. Así se establece una rutina diaria que favorece la atención del niño. Para reforzar el proceso, háblale de sus avances y comprueba que él o ella también los noten para mayor beneficio y efectividad.

La manera en la que le hablamos a los niños se convierte en su voz interior

Importa que los niños se sientan amados en su infancia, que la atesoren el resto de su vida para que, cuando les toque criar a otro niño lo hagan desde el amor, desde la compasión, desde la empatía.

La manera en la que le hablamos a los niños se convierte en su voz interior…

Los niños… piezas frágiles cual cera en la que grabamos cada instante. La manera en la que nos relacionamos con ellos dejará marcas en su alma, en su vida, en su futuro, cada niño representa una nueva oportunidad de cambiar las cosas, de hacerlo mejor, de forjar en ellos sentimientos, en tanto más amor se le entrega a un niño, mayor alegría se dejará en su corazón. Los niños están llenos de sueños, de ideas, de ilusiones, de promesas…

El ritmo cotidiano diario muchas veces no nos permite estar presente y atentos a las necesidades de nuestros hijos. En ese día día muchas veces no nos percatamos de cómo hablamos con nuestros hijos o con los niños en general, las repuestas que les damos, las conversaciones que no seguimos, las promesas que jamás cumplimos, cuando decimos “ahora no, después”… alzamos la voz, apuramos, e incluso negamos amor y atención a nuestros niños bajo cualquier justificación, no nos damos cuenta de lo importante que somos para ellos, de lo valiosos que somos en su vida, del ejemplo que somos en su camino y de que para ellos cada oportunidad que tienen de escucharnos es mágica y lo debería ser también para nosotros.
Ojalá tuviéramos un poco más de tacto cuando le hablamos a un niño, cuando nos dirigimos a ellos, cuando grabamos palabras en sus pensamientos y sentimientos en sus almas, de seguro si pudiéramos ver por una pequeña ventana como actuamos con nuestros hijos, sabríamos lo que debemos cambiar…
Debemos ser cuidadosos, ante todo, cuidar la manera en la que le hablamos a los niños, para manifestarle nuestras angustias, nuestras molestias y nuestro amor, no es únicamente cuidar como se les reprende, también como se les ama y se les hace saber que son lo más importante en nuestra vida, porque de lo sutil del amor a lo terrible de la manipulación solo hay un paso, de allí tantos niños que manipulan con su comportamiento, se vuelven caprichosos, arrogantes e incontrolables, entonces queremos culparlos, los reprendemos, castigamos y le hacemos saber mil veces que nos decepcionaron, que no deseamos estar con ellos, sin embargo, somos incapaces de reconocer que nunca cuidamos las palabras que salieron de nuestra boca, como les hablamos, tanto para amar como para corregir.
Los niños, ya lo hemos hablado, agradecen los límites, los hacen sentir amados, respetados, cuidados, es decir; la disciplina les da certeza, igual que el ritmo, las rutinas. Aunque no lo parezca, los niños siempre están atentos a todo, las conversaciones externas, las discusiones de sus padres,  a las ofensas de la gente manejando, a los gritos de las personas y los gestos de amor entre las personas, se dan cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor, pero no con nuestra visión adulta, no con la malicia o la desconfianza, sino con la inocencia plena y simple de un niño, como un recipiente que recibe, que almacena y que tarde o temprano reproducirá, esto puedes experimentarlo tu mismo con algún recuerdo que haya marcado tu infancia.
Si bien no debemos acostumbrar a nuestros niños a vivir en burbujas de cristal, donde todo es perfecto y donde se mantengan ajenos al dolor, al sufrimiento y a las caídas, tampoco toca enseñarles la crudeza de las cosas sin cuidar la manera, cada palabra que sale de nuestra boca, representa todo un panorama para ellos, de allí que se pueda desviar tan fácilmente la vida de un niño, por su inocencia y fragilidad.
Es importante construir memorias con los hijos, los propios y los niños ajenos, construir fortaleza en su espíritu, para que no sean luego adultos rotos. Importa que los niños se sientan amados en su infancia, que la atesoren el resto de su vida para que, cuando les toque criar a otro niño lo hagan desde el amor, desde la compasión, desde la empatía.
Si no le hablas bien a los niños, no es tarde para cambiar, nunca lo es.
No lo olvides: el niño ve, el niño hace y la palabra educa, pero, el ejemplo arrastra.
Fuente: El arte de saber vivir.

Los terribles 2 y los tremendos 3… verdad o mentira.

Aprovecha y guarda en tu corazón y en tu memoria cada momento, atesora los cambios y trata de fluir con ellos. Los dos no son terribles, los tres tampoco, lo terrible es vivir en una sociedad que cada vez tolera y comprende menos a los niños.

Los terribles 2 y los tremendos 3…, derivado del inglés “the terrible two” es la expresión que describe los dos años del bebé y que resume tal cual los “terribles”. Esto se debe a que el bebé comienza a sentirse autónomo en el ejercicio de sus nuevas capacidades y habilidades para caminar, comer, hablar e ir descubriendo el mundo por sí mismo, ganando independencia y experimentado su voluntad y cuando no lo logra, porque en realidad apenas comienza, llegan los berrinches, las pataletas y los escándalos en lugares públicos y empezamos a ver comportamientos que no conocíamos en nuestro bebé (gritos, caprichos, exigencias y hasta malos modos), lo que se puede volver terrible.
No es una verdad absoluta que comienza en el cumpleaños número 2, puede empezar desde los 18 meses y durar casi hasta los 4 años. Hay algunas cosas que pueden hacer de esta etapa algo menos complicado y no tan terrible. Te compartimos algunos tips:
Acompaña a tu bebé en sus nuevos logros y trata de reconocerlos: nos da miedo que suban y bajen escaleras, que se bajen de la cama o que usen ciertos objetos. Observa de cerca su capacidad, quizá ha logrado algunos avances, si lo ha hecho, asegúrate de que lo haga bajo supervisión pero que sienta que pude hacerlo por él mismo, esto reduce los berrinches y te libera de estarlo pastoreando todo el tiempo.
Rutinas: los niños lo agradecen, les da certeza de lo que sigue en su día. Te ayuda a identificar sus logros nuevos, pues generalmente saldrán de esa rutina. 
No reacciones: por mas frustrado o asustado que te sientas ante una situación, los castigos, los gritos, los regaños sin sentido y la agresión causan que el momento sea mas grave. Tu eres el adulto pase lo que pase. Detente antes de reaccionar y mejor trata de prever la próxima situación.
Tu bebé no te manipula ni es un tirano: solo está aprendiendo a usar su independencia y necesita probar los límites. Es una persona estrenando su autonomía, es grandioso y retador para todos. Mantente cerca y alerta.
Reconoce los buenos días y los grandes momentos: no te compres la idea de que los dos o los tres años son “terribles”. Puede ser una etapa hermosa, llena de avances y de aprendizajes para ambos, tu bebé empieza a dejar de serlo para convertirse en un niño pequeño. El tiempo no regresa, disfruta en la medida de lo posible y dedica tiempo para no perderte los grandes avances, no permitas que el cansancio y la queja reemplacen esta feliz etapa.
Cada niño es único y diferente: puede o no haber coincidencias con los niños de otras familias, pero el tuyo es único, no se parece a nadie ni tiene que hacerlo. No lo compares y no te compares, cada quien tiene su ritmo, cada quien tiene sus logros. 
Niño ve, niño hace: cuida tu humor, tu lenguaje corporal, no tienes que ser perfecta, ni disimular todo el tiempo, se te puede escapar uno que otro grito, pero trata de ser amorosa, paciente y sobre todo OBSERVA: el mundo está hecho en función de los adultos, descubrirlo cuando eres pequeño es algo inmenso y tú, tu eres su conexión con ese mundo por descubrir, seas mamá o papá, representas su zona de seguridad, lo conocido, lo cómodo, lo cierto… No te desesperes. 

Por último piensa que todo pasa, y a pesar de que siempre lo escuchamos y de que quizá siempre lo decimos, los hijos crecen mas rápido de lo que nos gustaría o de los que nos damos cuenta… Aprovecha y guarda en tu corazón y en tu memoria cada momento, atesora los cambios y trata de fluir con ellos. Los dos no son terribles, los tres tampoco, lo terrible es vivir en una sociedad que cada vez tolera y comprende menos a los niños.
Escrito por: Karla Lara