sábado, 3 de febrero de 2018

Besar a los niños en la boca: descubre la opinión de los expertos

Para muchas familias, besar a los niños en la boca es una muestra de afecto totalmente natural. Para otros, se trata de un comportamiento inadecuado. 

Besar en la boca a los niños.

Está claro que un beso es un acto profundamente personal y puede tener múltiples interpretaciones dependiendo del contexto. Cuando hablamos de los hijos, también se nos plantean otras cuestiones. Si somos partidarios, ¿cuándo debemos de dejar de besar a los niños en la boca? ¿Se trata de un comportamiento que debería restringirse al ámbito privado?
Besos en la boca, ¿pueden ser un riesgo?

Muchos médicos y pediatras también han alertado de los riesgos de besar a los niños en la boca, aunque por motivos que nada tienen que ver con la ética o la moral. Cuando besamos a alguien, ciertamente olvidamos la ingente cantidad de gérmenes y bacterias que podemos transmitir a través de la saliva.

El sistema inmunológico del bebé aún es débil y podemos contagiarle infecciones o virus, desde un simple resfriado a otras más graves como un herpes labial. Por eso, como norma general, recomiendan no besar a niños menores de tres meses.

Besar a los niños en la boca

Asociaciones como la Sociedad de Odontopediatría alertan de que besar en la boca a los niños aumenta el riesgo de caries. El bebé nace con la boca estéril. La saliva de los padres es uno de los principales transmisores de gérmenes para el bebé, aunque la mayor parte de las veces no seamos conscientes de ello. Este riesgo no ocurre sólo con los besos. También está presente en comportamientos tan habituales como limpiar con la saliva un chupete, la tetina del biberón o cualquier utensilio con el que se le vaya a dar alimentos.

Interpretaciones psicológicas del beso infantil

Una de las detractoras más acérrimas y conocidas del beso infantil en la boca es la psicopedagoga Charlotte Reznick, profesora en la Universidad de California. Según Reznick, besar en la boca a los niños puede confundirlos y derivar en problemas si estos niños imitan este comportamiento con otros niños de su edad. Otros psicólogos destacan algo de suma importancia para los padres: estos besos satisfacen una necesidad de los padres, no son una respuesta a una demanda del niño.
Si comienzas a besar a tus hijos en la boca cuando son pequeños, ¿cuando debes detenerte?

El despertar de la conciencia sexual del niño suele situarse entre los cuatro y los seis años. Existen psicólogos que opinan que, llevado hasta el extremo, un niño que besara en la boca a un compañero podría estar cometiendo un acto de acoso sexual. Como en muchos casos, todo depende de las connotaciones que, con nuestros ojos adultos, estamos otorgando a ese beso.
Éste el fondo del debate abierto por las imágenes de famosos en redes sociales. ¿Puede el niño percibir una connotación sexual en ese comportamiento? La doctora Fiona Martin, del Centro de Psicología Infantil de Sydney, considera al beso como una forma de comunicación del afecto a los hijos, totalmente normal y saludable. La doctora señala también que no existen estudios científicos que demuestren que estos besos tengan efectos negativos en el desarrollo emocional del niño. 

Papá, mamá, ¿por qué tengo que ir al psicólogo?.


El mundo es distinto desde la perspectiva de un niño. Nuestra sociedad, el ritmo de vida que llevamos, el colegio, las exigencias de un mundo adulto que a veces sin darnos cuenta trasladamos a nuestros hijos. A veces,“estamos dejando sin infancia a nuestros niños. No respetamos sus ritmos, sus necesidades básicas como jugar o estar al aire libre. Nos dejamos arrastrar por la vorágine en la que vivimos y muchas veces arrastramos con nosotros a nuestros hijos”.

En esta carta se trata de dar voz a lo que le transmiten los pequeños pacientes en una consulta psicológica. Así enseñan ellos su mundo interior:
Carta de un niño-adulto

Tengo 7 años pero no tengo infancia. Soy un niño-adulto. Voy siempre corriendo a todos lados, desde que me levanto hasta que me acuesto. Se ve que no hago las cosas bastante deprisa, porque los adultos siempre me están diciendo “date prisa! date prisa!”. Pero me pongo a vestirme y los dedos no responden, me cuesta horrores abrocharme los zapatos (¿quién inventó los cordones?) y además, la verdad, me despisto con cualquier cosa. Mi hermana me mira y me hace una carocha y me entra risa. Le hago cosquillas y aun nos entra más risa. Y es que tengo como un botón que cuando lo toco, ya no puedo parar de jugar. Será porque soy pequeño, porque yo veo que a los mayores no les pasa. Pero luego entran mis padres a regañarnos y a meternos prisa y entonces me doy cuenta de que no debo jugar tanto.
El cole es un rollo. Lo siento, pero muero de aburrimiento. Los profes allá a lo lejos en la pizarra, empiezan a hablar de cosas que no me interesan. No sé lo que son los concejales, y la verdad, tampoco me importa. Me hablan del ayuntamiento y de la concejalía de limpieza… pffff.

Me entra sueño. Y ganas de soñar, me quedo embobado y, mi amiga me pasa una notita. Esto ya me gusta más! Ya han apretado otra vez el botón de jugar!! Nos miramos y nos reímos y empezamos a pasarnos notitas y dibujos, ¡me llega un corazón! Será que le gusto? Pero la profe nos pilla…y se acabó la fiesta.
Me duele todo de estar tanto rato sentado. Es que no se lo he dicho, pero no me puedo estar quieto. Los mayores me lo dicen todo el rato: “¡para ya!” “¡estate quieto!” pero es que no puedo. Se ve que tengo como cosquillas internas, o algo así, porque algo me empuja a querer moverme todo el tiempo. Me apetece salir corriendo en el centro comercial, me apetece levantarme en mitad de la clase, me apetece trepar por los muebles del salón. ¡No sé que me pasa! Debo estar enfermo.

Por la tarde salgo del cole y voy a las extraescolares. Eso es un rollo que se ha inventando alguien para que no pueda ir al parque a jugar. Que es lo único que quiero. Poder apretar el botón de jugar. Y correr, saltar, subir a los columpios, jugar al balón, hacer cabañas, jugar a comiditas con la tierra, cambiarme cromos con mis amigos y averiguar si ese corazón que me dibujó María es porque le gusto.

Pero no puedo hacer nada de eso. Tengo que ir a Inglés. Que es un idioma que se inventó un listo para fastidiarme las tardes. Porque a mi no me gusta el inglés. Ni lo entiendo ni me sirve de nada porque no tengo amigos ingleses. Pero bueno. Los adultos dicen que es por mi bien. ¡Ea!
Y cuando salgo de inglés, reventado como una mula, con los botones de la risa tonta, de muévete sin parar y el de jugar a punto de estallar.

Entonces me tengo que ir a casa a hacer los deberes. Si, en serio. Tengo un montón de deberes. El mismo listo que inventó el inglés debió inventar los deberes. Todo lo que explicó la seño en clase sobre el ayuntamiento, ahora me lo preguntan otra vez. Y mate, y lengua, y conocimiento del medio. Que digo yo, que en vez de mirar en un libro como es el “medio” en el que vivo, podría salir a la calle y al campo a conocerlo un poco. Pero como soy un niño, mejor no digo nada.
Mis padres por la tarde están ya un poquito nerviosos. Ya no tienen ganas de tonterías, como ellos dicen, porque es muy tarde y tenemos que acabar los deberes y ducharnos (¡pero si me duché ayer! ¡esto es el infierno!), cenar y a la cama.

Yo estoy cansado. Y malhumorado porque no tengo ganas de hacer deberes. Me empiezan a entrar ganas de fastidiar a mi hermana, de liarla parda, como dice mi madre. Me pongo burro porque ya no quiero hacer los deberes. Tampoco quiero bañarme. Quiero descansar un poco. Quiero jugar. Quiero soñar. Imaginarme mundos. Hacer volteretas en la cama. Dibujar algo bonito para María. Quiero ser un niño.

Mis padres me han dicho que como me porto fatal, mejor me van a llevar a un psicólogo.
Úrsula Perona
Psicóloga infantil

viernes, 2 de febrero de 2018

25 Maneras alternativas de preguntarles a tus hijos cómo les fue en el colegio hoy.


Saber cómo les fue realmente en el colegio a tus hijos hoy es una tarea que actualmente se ha convertido en toda una odisea.

Si les preguntas directamente ¿cómo estuvo la escuela?, lo más probable es que te contesten: “bien”, “nada especial”, “aburrida”, y si tienes un poco de suerte, superarán la barrera del monosílabo y te dirán un corta frase como: “la profesora me regañó”. El problema es que la conversación automáticamente termina cuando comienzas a ahondar un poco más en el asunto.
En el siguiente listado, aparecen interesantes preguntas que pueden ayudar para saber un poco más sobre la vida de tus hijos en el colegio. No son preguntas perfectas, pero al menos colaboran a que respondan en oraciones enteras y llevan a conversaciones interesantes y a divertidas respuestas.

1. ¿Qué fue lo mejor que pasó hoy? (¿Qué fue lo peor que pasó hoy?)

2. Cuéntame algo que te hizo reír hoy.

3. Si pudieses elegir, ¿Con quien te gustaría sentarte en clases? (Con quien NO te gustaría sentarte en clases? ¿Porqué?)

4. ¿Cuál es el lugar que más te gusta del colegio?

5. Cuéntame una palabra extraña que hayas escuchado hoy (O algo extraño que alguien haya dicho)

6. Si llamara a tu profesora hoy, ¿qué me diría sobre ti?

7. ¿De qué manera ayudaste a alguien hoy?

8. ¿De qué manera alguien te ayudó hoy?

9. Cuéntame algo que hayas aprendido hoy.

10. ¿Cuál fue el momento más feliz de hoy?

11. ¿En qué momento te aburriste hoy?

12. Si apareciera una nave espacial en tu sala para llevarse a alguien, ¿a quién querrías que se llevara?

13. Si pudieras jugar con alguien que nunca has jugado antes, ¿Quién sería?

14. Cuéntame algo bueno que haya pasado hoy.

15. ¿Cuál fue la palabra que más dijo tu profesora hoy?

16. ¿Qué cosas crees que deberías hacer más o aprender más en el colegio?

17. ¿Qué cosas crees que deberías hacer menos o aprender menos en el colegio?

18. De tu curso, ¿Con quién podrías ser más simpático?

19. ¿Cuál es el lugar en el que más juegas durante el recreo?

20. ¿Quién es la persona más divertida de tu curso? ¿Por qué es tan divertido o divertida?

21. ¿Cuál es tu parte favorita de la hora del almuerzo?

22. Si mañana pudieses ser el profesor ¿Qué harías?

23. ¿Hay alguien en tu curso que necesite un receso?

24. Si pudieras cambiarte de puesto con alguien de tu curso ¿A quién escogerías? ¿Por qué?

25. Cuéntame 3 ocasiones en las que usaste tu lápiz hoy en el colegio.

La manera en que las preguntas están planteadas les da a los niños una forma tranquila y no amenazante de expresar algunas cosas, por lo que se puede conocer en mayor profundidad la vida de tus hijos en la escuela, y así, trabajar a favor de los problemas que sutilmente podrás detectar.

¿Cómo saber si tu hijo tiene el trastorno oposicionista desafiante?

El trastorno oposicionista desafiante es un problema bastante común en la infancia.  De hecho, se trata de uno de los motivos más frecuentes de consulta psicológica por parte de los padres, quienes acuden en busca de una solución para el comportamiento desobediente de sus hijos.

No obstante, si bien este trastorno es bastante habitual, los padres suelen conocer muy poco sobre su etiología y síntomas característicos. Normalmente lo consideran un problema temporal, consecuencia de la edad, de manera que no le otorgan demasiada importancia.
Sin embargo, el trastorno oposicionista desafiante entraña un riesgo mayor ya que puede dar pie a un trastorno disocial de la conducta, desarrollar una personalidad antisocial en la edad adulta y presentar problemas sociales y académicos. Por eso, es vital que los padres aprendan a identificar sus síntomas para que acudan cuanto antes al psicólogo en busca de un tratamiento para sus hijos.
10 señales que desvelan a un niño con el trastorno oposicionista desafiante

Para los padres suele ser muy difícil identificar que su hijo tiene el trastorno oposicionista desafiante. Sin embargo, en la mayoría de los casos los signos empiezan a aparecer desde la edad temprana, alrededor de los dos o tres años, por lo que es importante que prestes especial atención a las conductas disruptivas del niño desde que es pequeño.

He aquí, algunos de las señales que pueden indicarte que tu hijo tiene un trastorno oposicionista desafiante:

1. Tiene rabietas con frecuencia, sobre todo cuando no consigue lo que quiere. A menudo también discute con los adultos intentando imponer su criterio.
2. A menudo muestra una actitud muy terca. Cuando se trata de hacer lo que quiere, suele ser muy insistente, sobre todo si se trata de algo prohibido.

3. Es muy poco tolerante con las órdenes. La mayoría de las veces se niega directamente a cumplirlas e incluso, en ocasiones llega a desafiar a los adultos.
4. La mayor parte del tiempo muestra una actitud desafiante y deliberada sin causa aparente o provocada por motivos insignificantes. En estos casos su objetivo es molestar a los demás.

5. Es incapaz de aceptar las consecuencias de sus propios actos, por lo que muchas veces culpa a los demás de sus errores y comportamiento.
6. Insulta a los adultos y a sus coetáneos, en la mayoría de los casos instado por causas insignificantes. También suele usar palabras despectivas y se muestra violento con frecuencia.
7. Suele responder de forma resentida, rencorosa y colérica ante cualquier tipo de circunstancia, muchas veces sin motivo. Esto porque suele perder la paciencia con facilidad.

8. La mayor parte del tiempo tiene una actitud negativa. Usualmente se niega a comprometerse con los adultos o sus amigos, a la vez que le resulta muy difícil negociar y llegar a un consenso.

9. Presenta episodios ocasionales de violencia física, con o sin motivo real. Le resulta difícil controlar sus reacciones y mantener bajo control sus emociones.

10. Presenta un deterioro significativo en el área de las relaciones sociales ya que le cuesta hacer nuevos amigos y más aún, conservar los que tiene. También suele tener un bajo rendimiento académico.

Vale aclarar que para diagnosticar un trastorno oposicionista desafiante en la infancia deben presentarse gran parte de estos síntomas durante al menos 6 meses, así como manifestarse en todas las esferas de la vida del pequeño. También es importante tener en cuenta las causas que están provocando este comportamiento en el niño ya que existen algunas circunstancias que pueden generar este tipo de reacciones sin que se trate precisamente de este tipo de trastorno.
Fuente: etapa infantil.

El cerebro de Mamá

"La maternidad te cambia, porque transforma el cerebro de una mujer, estructural, funcional y en muchas formas, irreversiblemente.

Este cambio cerebral da origen a un cerebro motivado, siempre atento y decididamente protector, que obliga a la nueva madre a cambiar sus reacciones y prioridades en la vida. Se ligará con ese ser como no se ha ligado nunca con nadie. Las alternativas son la vida y la muerte.
En la sociedad moderna, en la que las mujeres no son sólo responsables de parir niños sino de sostenerlos económicamente, estos cambios en el cerebro crean el conflicto más profundo en la vida de una madre.

Cuanto más intensamente hagas algo, más células asigna el cerebro a dicha tarea, ...
La biología puede invadir circuitos a pesar de nuestras mejores intenciones y gran cantidad de mujeres experimentan los primeros síntomas del "cerebro maternal" mucho antes de concebir un hijo, especialmente si lo han estado intentando durante un tiempo. El "deseo del bebé" - el ansia profunda de tener un hijo - puede afectar a una mujer poco después de que haya acunado al recién nacido, suave y cálido, de otra.
El suave olor de la cabeza de un niño lleva feromonas que estimulan al cerebro femenino para que produzca la poderosa poción del amor - la oxitocina - creadora de una reacción química que induce al deseo de bebé.

El tacto de la piel de su bebé, el aspecto de los deditos de manos y pies, los breves llantos y gritos entrecortados quedan ya tatuados en el cerebro de la madre. En el plazo de horas o días, puede embargarla un abrumador afán de protección y se establece en ella la agresividad maternal. Su fuerza y resolución de cuidar a ese pequeño ser y de protegerlo se apoderan por completo de los circuitos cerebrales maternos. La madre siente que podría parar la marcha de un camión con su propio cuerpo para proteger al bebé. El cerebro se le ha modificado y junto con él la realidad. Tal es quizás el cambio de la realidad más importante que ocurre en la vida de una mujer.
Igual que un sistema global de actitud humana, los centros cerebrales de una madre para la vista, el sonido y el movimiento están orientados a monitorizar y seguir a su bebé. Esta vigilancia incrementada puede adquirir todas las formas posibles, dependiendo de la amenaza que una madre perciba contra la seguridad y estabilidad de su "nido". Incluso es algo normal el replanteamiento de las obligaciones del marido como proveedor.

Los circuitos cerebrales maternos cambian también en otros aspectos. Las madres pueden tener mejor memoria espacial que las que no han tenido hijos y pueden ser más flexibles, adaptables y valerosas. Tales son las habilidades y talentos que necesitarán para custodiar y proteger a sus bebés. Si han tenido por lo menos una camada, las hembras de rata, por ejemplo, son más atrevidas, muestran menos actividad en los centros del miedo de sus cerebros y se desempeñan mejor en las pruebas de laberintos porque tienen más memoria; además son cinco veces más eficientes para cazar presas. Estos cambios duran toda la vida, según han visto los investigadores. Las madres humanas pueden compartir estas experiencias. Semejante transformación es válida también incluso para madres adoptivas. En tanto permanezcas en contacto físico continuado con el niño, tu cerebro emitirá oxitocina y reformará los cirucitos necesarios para hacer y mantener el cerebro maternal.
La dopamina se incrementa en el cerebro maternal por el estrógeno y la oxitocina. Es el mismo circuito de recompensa disparado en un cerebro femenino por la comunicación íntima y el orgasmo.

Los crecientes vínculos incluyen los efectos de críar al niño dándole el pecho. La mayoría de las mujeres que amamantan a sus bebés reciben un beneficio extra: el estímulo regular de los más agradables aspectos del cerebro materno. En cierto estudio se dio a ratas madres la oportunidad de apretar una barra y obtener una pizca de cocaína o apretar otra barra y que un cachorro de rata viniera a chupar sus pezones. ¿Cuál creéis que preferían? Los chorros de oxitocina en el cerebro superaron siempre la toma de cocaína. Puedes imaginar en qué medida dar de mamar refuerza la conducta maternal; tenía que ser útil para garantizar la supervivencia de nuestra especie. Cuando un bebé coge el seno de la madre con sus manecitas y chupa el pezón, desencadena flujos explosivos de oxcitocina, dopamina y prolactina en el cerebro de la madre. Empieza a fluir la leche del seno. Al principio, todos aquellos tirones en tus pezones secos y sangrantes te pueden hacer pensar que será imposible superar otro día de tortura por culpa de la lactancia. Sin embargo, después de unas cuantas semanas - si no te has sentido arrastrada al harakiri - tendrás la capacidad de sosegar a tu bebé chillón y calmarte tú misma gracias a la lactancia. En el plazo de tres o cuatro semanas, la experiencia empieza a ser totalmente placentera; y no sólo porque el dolor haya cesado. Empiezas a esperar la hora de dar el pecho, a menos que estés tan corta de sueño que pases el día medio dormida. Pero en cierto momento de los pocos meses iniciales, podrás darte cuenta de que dar el pecho se ha vuelto fácil y de que lo disfrutas de verdad. Te baja la presión sanguínea, te sientes tranquila, relajada y te meces en olas de sentimientos de amor por tu bebé inspiradas por la oxitocina"
Del Capítulo 5 del libro "El cerebro femenino" de Louann Brizendine

jueves, 1 de febrero de 2018

De la cigüeña, la abejita y otros cuentos sobre sexualidad pasados de moda



¿Alguna vez le preguntó a sus papás de dónde vienen los bebés? ¿Se acuerda de lo que le dijeron? Si la respuesta es que llegó en el pico de una cigüeña a la puerta de su casa, o que una semilla se instaló en la ‘barriguita’ de su mamá para crecer y crecer, o que simplemente cayó del cielo porque era un angelito que perdió sus alas, usted hace parte de las generaciones que crecieron con más dudas que certezas en este tema que aún hace sonrojar a más de un padre de familia.

Creer que los niños no están preparados para hablar de sexualidad es uno de los errores más comunes que los adultos cometen, pues al llenar con mitos e historias fantásticas este tema que atraviesa la vida de todo ser humano, se corre el riesgo de dejar grandes vacíos que tarde o temprano serán resueltos por ellos mismos, y quizá, no de la mejor manera.
“Una vez un señor me dio la mano y yo juré que había quedado embarazada. Durante semanas viví angustiada, fue terrible. Como nunca me dijeron cómo nacían los bebés, yo pensé que eso podía pasar en cualquier momento”, recuerda entre risas Corina S...., una mujer de 45 años que tuvo que aprender con amigas y revistas lo que no le enseñaron en la casa.

“A mí me dijeron que en el cielo estaba Dios, que él moldeaba los bebés, y que luego llamaba a la cigüeña para que dejara alguno en la casa de los papás que lo habían pedido, entonces yo miraba y miraba al cielo para ver si podía ver a uno de esos pájaros”, comenta por su parte Cecilia L..., quien también confiesa que vino a saber la verdad por un programa de televisión que vio a escondidas.
Como lo señala Isabel Cuadros, directora de la Asociación Afecto, este tipo de historias son más comunes de lo que parecen, y responden a una serie de miedos anclados en la sociedad que impiden avanzar en temas tan cruciales como la educación sexual.

“La familia es la que enseña las primeras cosas de lo que pasa en la vida de los niños, y es por eso que nosotros como padres tenemos que tener responsabilidad, y la responsabilidad, pasa por la información. Los niños tienen que saber desde pequeños que existe la sexualidad, no deben existir patrones de secreto porque esto los puede llevar a tener un mal manejo del tema en su adolescencia, o incluso ponerlos en situaciones de alto riesgo como lo es el abuso sexual”, señala Cuadros.

Hablar de sexualidad con los más pequeños va más allá de explicar el acto meramente biológico. También está relacionado con temas como el respeto, el cuidado y el autocuidado que influirán profundamente en su adultez, se trata de una visión integral. Puede que más de una pregunta lo sonroje o le genere vergüenza, pero sus hijos necesitan saber, en todo momento, que sus padres son una fuente confiable que resolverá todas sus dudas.
Hablar claro para proteger a nuestros niños

Para Isabel Cuadros, el abuso sexual es uno de los principales riesgos a los que se ven expuestos las niñas y los niños cuando los adultos no les hablan con claridad en temas de educación sexual.

“Cuando usted cuenta historias a los niños, los abusadores hacen exactamente lo mismo. Le tocan los genitales a la niña o al niño, pero dicen que es el juego del lobo o que ese es el juego de la estrellita. Es por eso que los padres y las madres tienen que mandar claramente el mensaje a los niños porque si los chiquitos saben los nombres exactos de los genitales, por ejemplo, pueden prender rápidamente las alertas de los adultos. Así no hay cabida para las confusiones. El mensaje llega claro y se puede detener un posible abuso sexual”, explica la directora de la Fundación Afecto.
Estos tabúes alrededor de la sexualidad, que se alojan en la mente de muchos, se han ido rompiendo poco a poco gracias al trabajo de varias organizaciones que han entendido la importancia de reeducar a grandes y pequeños en el tema de la sexualidad.
Fuente: www.semana.com

Tus caricias alivian el dolor de tu bebé


La hospitalización de recién nacidos es a veces una circunstancia programada, pero en su mayoría se trata de una circunstancia imprevista, que toma por sorpresa a los padres, y alarma al resto de las personas del entorno cercano.

Cuando se requieren procesos invasivos o intervenciones quirúrgicas, podemos apoyar a los pequeños para que toleren mejor el dolor, acompañarlos, estar atentos a todo lo que sucede, lo que nos permitan en el sitio donde nos hallemos. Siempre es bueno manifestar amablemente nuestra intención, y solicitar apoyo al equipo de salud que participa de la atención del niño.
Asimismo, se potencian los efectos de los analgésicos que se utilicen, pues el niño disminuye la tensión muscular, disminuyendo así la resistencia y facilitando las punciones, canalizaciones, inyecciones, aplicaciones tópicas, intubaciones y otras prácticas médicas.

Las  siguientes formas de participación en los cuidados, eleva el umbral de tolerancia al dolor en los infantes, haciendo que sean mejor sobrellevados los tratamientos.

Comparto con ustedes algunos recursos que pueden considerarse para ser utilizados en estos escenarios:
1. Siempre que sea posible, solicitar el uso de medios físicos de contención, como son los llamados “niditos” para ayudar a la posición fetal, que tranquiliza al pequeño que se halla en un entorno absolutamente desconocido.

2. Usar la voz. Ya sea en forma directa o en una grabación que pueda ser reproducida en nuestra ausencia, un relato gentil de una historia, o una canción que puede ser tarareada, remonta al pequeño al entorno seguro de la voz materna o de las personas que han estado cerca durante el embarazo, ya que pueden oír y reconocer aquellos sonidos habituales desde los cuatro meses de gestación.

3. El contacto con la piel puede hacerse en diversas modalidades: Siempre buscando las zonas aptas de la piel, donde no haya lesiones o dispositivos que puedan ocasionar molestias, podemos realizar suaves caricias, masaje de contacto -al estilo de la técnica de Shantala-, realizando una suave presión en el cuerpo del bebé, o en el mejor de los casos, solicitar el contacto piel a piel, colocando al pequeño en el pecho de la madre, el padre, o un hermano, o a través de la técnica ampliamente recomendada para los prematuros: “mamá canguro”.
4. El olfato es un sentido extremadamente sensible al inicio de la vida, podemos marcar nuestra presencia a través de la cercanía a una ventana abierta en la incubadora, acercándonos a la cuna o cama. En los casos donde esto no sea posible, se puede acercar un objeto personal de la mamá (como una camiseta) para que el aroma permanezca cercano al niño.

5. Contacto visual. Cuando sea posible, acercarnos para quedar en el campo visual del pequeño, y mucho mejor si podemos hacer contacto con las miradas. La mirada es una conexión maravillosa cuando los pequeños pasan tiempo con un paisaje limitado y artificial como lo es el cielorraso o el techo de una institución de salud.
Un eje central en esta tarea es saber que agregando un estímulo de manera intencional y cuidada, desviamos la atención del paciente del foco de dolor, y la redirigimos hacia el objetivo que estemos presentando, proceso que cognitivamente favorece a disminuir la percepción subjetiva del dolor, (por ejemplo presentar en el campo de visión del bebé el juguete favorito, o un objeto llamativo)