martes, 9 de enero de 2018

La importancia de enseñar a los niños a sentir y a ser

Los expertos aseguran que fomentar el desarrollo de competencias socioemocionales, como la empatía, desde los primeros años de vida es el camino para formar seres humanos íntegros y tolerantes.

El desarrollo emocional de los niños y jóvenes en los colegios estuvo relegado tradicionalmente a un segundo plano para darle prioridad a la formación académica y tradicional. Con el paso de los años y, más exactamente, con el cambio de siglo, este tipo de pedagogía se ha vuelto una prioridad para algunos colegios. Sobre todo para los que entienden su incidencia de cara al contexto actual que vive el mundo. De hecho, cada vez es más común ver cómo en muchos de ellos cobran fuerza los planes académicos complementarios orientados a fortalecer ciertas capacidades sociales de los estudiantes y favorecer el trabajo en equipo. Se trata de herramientas que, según varios expertos, brindan estabilidad a los menores y mejoran sus relaciones interpersonales.
El psicólogo Daniel Goleman subraya en su libro Inteligencia emocional la importancia de que los niños aprendan a manejar sus emociones desde los primeros años con el acompañamiento de sus padres y profesores. Esto garantiza el estímulo de la autoconciencia, la autorregulación y la empatía, además de mejorar sus resultados académicos. Esto último porque, o bien se sienten más confiados en su desempeño y sus habilidades, o, en caso de no tener un buen rendimiento, los alumnos son capaces de superar las barreras que se les presentan por medio del control emocional. 

La ruta para educar sobre las emociones
De acuerdo con la doctora Vera Tatiana Colón, coordinadora de Consultores en Psicología de la Universidad Javeriana, para formar en competencias socioemocionales durante la primera infancia es recomendable “implementar actividades centradas en lo lúdico y lo creativo, como por ejemplo, por medio del juego, de la lectura de cuentos, del canto y del dibujo, que permitan a los niños la expresión y el conocimiento de las propias emociones”.

Explica que el vínculo que establece el menor con el maestro en sus primeros años es una relación privilegiada. Así, el profesor se convierte en una figura primordial con incidencia directa en su desarrollo emocional y en el manejo futuro de las situaciones que enfrentará.

Anne Kalil, psicóloga clínica de la Universidad Javeriana y especialista en psicología de la niñez y la adolescencia de la Universidad de La Sabana, señala la importancia de que los colegios cuenten con la ayuda de profesionales expertos, como psicólogos educativos, que acompañen a los niños en un proceso que permita desarrollar la inteligencia emocional. “El objetivo es identificar, reconocer, aceptar y posteriormente aprender a manejar las emociones. En cada edad se deben trabajar diferentes aspectos y acompañar a los niños y adolescentes a vivir sus emociones sin juzgarlas. Deben aprender a aceptarlas y, lo más importante, comunicarlas a los demás de forma efectiva y funcional”.
Para la doctora Kalil, un niño que sabe cómo manejar sus emociones será un adolescente y un adulto capaz de comunicarse con el otro, ponerse en sus zapatos, vivir en comunidad, respetar las normas y trabajar en equipo. “Podrá alcanzar sus sueños con más efectividad y aprenderá a ser resiliente y compasivo consigo mismo y con los demás”, concluye.

La mayoría de psicólogos señalan que formar en habilidades socioemocionales no es sencillo debido a lo abstracto de este tipo de aprendizaje. Lo que puede funcionar para un niño puede ser inservible para otro. Sin embargo, teóricos y expertos en el tema recomiendan algunas técnicas de fácil aplicación. Son las siguientes:

1. Mindfulness
Es un método de meditación que consiste en efectuar una serie de ejercicios que buscan generar espacios de quietud y silencio, para que los estudiantes entren en contacto con su cuerpo, con las sensaciones que experimentan, con las emociones, con los pensamientos y con los estímulos externos. Aplicado en niños y jóvenes tiene un impacto en la mente, la concentración, el aprendizaje, en la reducción de agresividad, en la autoconciencia y en la autorregulación.

2. Yoga
Es una técnica de meditación que involucra movimientos posturales para fortalecer la concentración. En los colegios cumple la finalidad de conectar a los niños, jóvenes y profesores con su organismo, sensaciones y emociones, y generar espacios de autoconciencia de su propio ser sin estímulo externo.

3. Otras opciones
Existen además otras herramientas basadas en el desarrollo del bienestar psicológico, la felicidad, las fortalezas y virtudes humanas. Según estas teorías, cuando el cerebro experimenta este tipo de emociones se impulsan el aprendizaje y la creatividad. Algunas de estas técnicas que se pueden emplear con niños de la primera infancia y que varias instituciones del país promueven desde hace años son:

Gratitud: hacer que los estudiantes escriban o digan en voz alta por qué están agradecidos o qué fue lo bueno del día. Con este método el menor se vuelve consciente de su contexto, de lo que le hace feliz y lo que no, y puede actuar frente a su realidad.

Meditación: cinco minutos de silencio y quietud en los niños tiene un efecto poderoso en la construcción del cerebro y en la configuración de emociones positivas. El silencio permite a los niños reflexionar sobre lo que sienten.

Practicar actos de bondad: según los expertos, cuando se ayuda a alguien se experimenta una sensación de bienestar y se fortalece la empatía.
Ejercicio físico: hacer deporte tiene beneficios mentales. Además de regenerar las neuronas, generar nuevos canales neuronales, disminuir los niveles de estrés y tensión, ayuda a impulsar habilidades como la disciplina, la dedicación y la determinación en los niños.

Escribir o dibujar: mediante esta técnica, los profesores y padres pueden identificar y reconocer la emoción que experimenta el niño y acompañarlo para que tome conciencia de ella, pueda serle útil o transformarla por una más práctica.
Fuente: semana.com

viernes, 5 de enero de 2018

4 consejos para ayudar a los hijos a volver al colegio

Así como los adultos, los niños también sufren de depresión postvacacional, una crisis de adaptación al momento de regresar a la rutina. 

Las obligaciones y el día a día pueden generar tensiones y manifestaciones físicas y emocionales desagradables en los seres humanos. Es lo que se conoce como el síndrome de depresión postvacacional y no solo le sucede a los adultos, también a los niños.

Aunque es menos frecuente, esta falta de adaptación entre el periodo vacacional y la vuelta a la vida activa aparece en los más jóvenes cuando regresan al colegio y no se encuentran a gusto en su ambiente, o tienen que enfrentarse a antiguos miedos, profesores que no son de su agrado, compañeros que los matonean o la experiencia de una nueva escuela.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el síndrome postvacacional como una enfermedad, a pesar de que la mayoría de clasificaciones de psicología internacionales no la tipifican de enfermedad. De acuerdo con el organismo internacional, en los menores de edad se manifiesta de forma conjunta o aislada e incluye el aspecto físico, emocional o ambos. Pero, ya sea de una u otra forma, provoca una conducta alterada en los niños que no se ajusta a su forma regular de actuar y les genera angustia. 

Los pediatras aseguran que es normal que la población infantil y juvenil la desarrolle, sobre todo cuando el tiempo de vacaciones se prolonga y no han habido horarios fijos. Es una crisis de adaptación para retomar la vida diaria.
De acuerdo con el departamento de psicología de la Clínica Universidad de Navarra, en España, “la sintomatología del síndrome postvacacional es más propia de un cuadro depresivo y se manifiesta de forma progresiva. La falta de diagnóstico puede llevar a manifestar una incomprensión hacia estas personas que pueden agravar el cuadro”. Pero, ¿cuáles son sus síntomas exactamente? Estos son los más comunes en menores de edad, según los expertos del hospital español: cambio de humor, irritabilidad, falta de concentración, alteraciones del sueño, tristeza, llanto sin causa aparente, falta de apetito, agresividad, ansiedad, angustia y somatizaciones físicas como las diarreas y vómitos.

Existen unas recomendaciones mundialmente aceptadas y que se repiten una y otra vez en diferentes manuales de psicología, para tratar de aminorar los efectos del síndrome postvacional y ayudar a los niños a adaptarse a la rutina. Estos son los que recoge la publicación ‘Chronic Fatigue Syndrome, Fibromyalgia, and Other Invisible Illnesses‘ de la psicóloga estadounidense Katrina Berne, adaptados a la población infantil y juvenil.
1. Evitar transmitirle a los niños que volver a la rutina es algo negativo. Por el contrario, es importante incidir en los aspectos positivos de reencontrarse con los compañeros de colegio, con el estudio, aprender nuevos conocimientos, etc. Es importante que el niño note el apoyo familiar ahora que va a iniciar una nueva etapa en el colegio.

2. Realizar los cambios de forma progresiva antes de la vuelta a las aulas. Emplear los últimos tres o cuatro días de vacaciones para comenzar a establecer horarios (por ejemplo, levantarse a una hora determinada), responsabilidades y hábitos del día a día. De esta forma se reduce la brusquedad del cambio.
3. Establecer pautas de comportamiento y nuevas rutinas e ir introduciéndose poco a poco. Hacerlo de forma divertida, para que no lo entiendan como una imposición e ir ajustándolas poco a poco a las exigencias del colegio. Por ejemplo: después de cenar hay que irse a dormir, y no quedarse hasta tarde viendo el televisor, algo más propio de las vacaciones.

4. No dejar todo para el último momento. Ni la compra de útiles, ni el repaso del curso anterior. Esto ayuda al menor a mentalizarse de que la vuelta a la escuela está cerca y le permitirá prepararse emocionalmente para el cambio de la vida de ocio a la activa
Fuente: Revista Semana.

Cuando nuestro entorno no comparte nuestra crianza



La mayoría de nosotros, antes o después, en mayor o menor grado, se ha sentido como un pececillo navegando contra corriente cuando se embarcaba en esto de la crianza respetuosa, fuera la rama que fuera. Ya sea por no pegar y no castigar, por ser consciente del lenguaje que usamos en torno a los niños... Sea por lo que sea, en algún momento nos han hecho saber, como mínimo, que éramos unos raros (y alguno, seguro, nos ha hecho saber lo mal que lo estábamos haciendo).


Es fácil decir que no nos debe importar la opinión que tengan los demás de nuestra crianza, y efectivamente no me importa en absoluto la opinión que tengan mis vecinos, o el dependiente de la panadería, o la cajera del super, o incluso la pediatra o la enfermera de pediatría. Todos ellos son gente que tienen poca o ninguna influencia real en nuestro día a día, así que pueden opinar lo que quiera que no me va a afectar. Pero, ¿qué pasa cuando los que opinan, o simplemente los que hacen las cosas distintas, son personas cercanas con verdadera influencia sobre nuestro día a día? ¿Qué pasa cuando es el otro progenitor? ¿Qué pasa cuando es un abuelo o abuela que se encarga además de cuidar al niño mientras nosotros trabajamos? ¿Cómo navegamos el hecho de que no podemos tener a nuestros hijos en una burbuja en la que nosotros seamos su única influencia?
Es difícil, y frustrante, sentir que te pasas horas estudiando cómo hacer las cosas "bien" para que luego venga otra persona y haga justo lo contrario, y cuesta la misma vida encontrar un equilibrio entre no dejar que "estropeen tu trabajo" y no herir los sentimientos de los demás con nuestras críticas constantes. Yo aún no estoy segura de haber encontrado ese término medio maravilloso, pero sí que he ido aprendiendo por el camino qué cosas funcionan mejor, y qué cosas funcionan peor según con quién las usemos. Hoy voy a compartir ese conocimiento con ustedes.

Cuando tienen una influencia limitada:
Con las personas que nos importan y a quien no queremos herir, a las que vemos con poca frecuencia, la mejor actitud es la de permitir que desarrollen su propia relación. En general, no vamos a poder controlar al 100% el entorno de nuestro hijo y la influencia que este entorno tiene en él, así que cuanto antes nos convenzamos de ello, mejor. Que nuestro hijo experimente en su vida formas distintas de ser y de relacionarse no tiene por qué ser necesariamente malo.

Los niños aprenden pronto a distinguir distintos tipos de persona, y a comportarse de forma distinta según con quién estén. Forma parte de su capacidad de adaptación y es algo bueno. Teniendo en cuenta que nosotros como sus padres vamos a ser siempre las mayores influencias (al menos en la primera infancia), podemos dejar que los demás actúen como quieran con la tranquilidad de que nuestra forma de actuar será siempre la que mayor influencia tendrá, incluso aunque a veces veamos que adquieren comportamientos de otras personas, nuestra forma de reaccionar a eso seguirá siendo lo que mayor influencia tenga.
Cuando van siendo más mayores, van dejando claro también qué formas de actuar les gusta y cuáles no, y tal vez veas  cómo tú pequeñín se distancia de alguien porque su forma de actuar es la opuesta a la forma de actuar a la que el peque está acostumbrado. Según cómo sea la persona y cómo se   adapte a  otras formas de hacer las cosas, puedes intentar intervenir para reconducir la situación o dejar que esta siga su curso. 

Cuando tienen una influencia mayor:
Con personas a las que nuestros hijos ven a diario, especialmente si no estamos nosotros delante, la situación es otra. El caso más típico es el de los abuelos que se encargan de cuidar a los niños mientras sus padres trabajan. En este caso sigue siendo válido el principio de "deja que desarrollen su propia relación" pero aquí merecería la pena intentar al menos marcar unos mínimos o intentar que entiendan nuestra forma de hacer las cosas. Yo en este caso establecería unos mínimos de seguridad y respeto, como son el no pegar, no gritar o humillar, no amenazar, no insultar.

Estos serían mínimos básicos que si no se cumplieran sería motivo justificado para buscar otra solución para el cuidado de mi hijo. Para otro tipo de cosas intentaría tener algunas conversaciones en general, y en plan conversación indirecta, sobre cosas que hubiera leído de crianza y que me hubieran gustado, en plan:
"Ayer leí un artículo interesantísimo que decía que..." Aunque lo evitaría si se va a convertir en una discusión porque lo entendiera como una crítica. En general entiendo que si estoy dejando a mi hijo al cuidado de esta persona será porque confío mínimamente en ella, así que no tengo más remedio que actuar de acuerdo a esa confianza. Informar está bien, compartir conocimiento está bien, servir de modelo de cómo me gustan hacer las cosas está bien, incluso dar algunas instrucciones, especialmente sobre comidas y horarios, está bien. Pero evitaría caer en la crítica abierta o en discusiones. Y en los casos en los que la crítica parte de la otra persona, me limitaría a decir, con firmeza pero amabilidad: "Yo he decidido hacerlo así."

Cuando es el otro progenitor:
Cuando el que tiene una crianza distinta es el padre o la madre con quien compartimos la crianza, esto tiene una repercusión mayor sobre la crianza del niño y también sobre la convivencia en el núcleo familiar. Remar en la misma dirección es muy importante cuando se trata de la crianza de los hijos en común, así que si tengo que elegir un lugar donde centrar mis esfuerzos, sería este.

En un mundo ideal, decisiones como la forma de crianza se habrían tomado antes de tener hijos, si me apuras incluso antes de formalizar una relación. Pero este no es un mundo ideal, y no siempre se tiene tanta previsión a la hora de tener hijos, así que vamos a ver qué consejos podemos dar para este mundo nada ideal:

1) No le critiques abiertamente. Especialmente no delante de los niños.

 Si le criticas en el momento en el que ha hecho algo, se va a sentir atacado, y se va a poner a la defensiva. Vas a conseguir lo contrario de lo que quieres, se va a cerrar en banda, te va a atacar a ti, y no vas a tener ninguna posibilidad de tener una conversación productiva sobre el tema. Si ves en el momento que hace algo que tú no harías, muérdete la lengua. Dejo claro que me refiero a cosas que no son constitutiva de abuso de ningún tipo, cosas que responden simplemente a formas distinta de crianza, especialmente si son cosas bienintencionadas.

Corregir cosas como: "no dirijas el juego, que no estás dejando que sea él quien lo haga", "para ya con el muy bien, que ya sabes que es malo para la motivación intrínseca", "deja de darle el ipad cada vez que se pone a llorar". Todas son cosas que preferiblemente no se hacen, algunas me parecen importantes de evitar, pero decírselo en el momento NO SIRVE DE NADA.

2) Habla de crianza. Mucho.

Como decía, lo ideal sería hablar antes de tener niños, pero tal vez entonces habrás estado de acuerdo. No serías la primera ni la última en cambiar su forma de ver la crianza una vez que tiene a su bebé entre sus brazos. Estoy segura de haber dicho alguna vez algo sobre la relevancia del "cachete a tiempo" antes de convertirme en mami. El caso es que nuestra visión sobre la crianza puede fluir según vamos aprendiendo más y más, y según nos vamos enfrentando a las diferentes etapas de nuestros hijos, así que la crianza debería ser un tema de conversación recurrente. Al igual que les decía antes, puedes partir de cosas que hayas leído y que les hayan gustado,o una situación de la que hayan sido testigos y compartir cómo la habrías manejado. Utiliza estas conversaciones como forma de compartir la teoría de todo lo que vas aprendiendo, pero siempre desde un tono positivo y constructivo, escuchando activamente lo que cada uno tiene que decir.

3) Comparte material.

En la era de las redes sociales, es sencillísimo compartir artículos, vídeos, posts, memes, lo que sea que creas que puede funcionar para transmitirle el mensaje que quieres transmitirle. Pero ten en cuenta que si de verdad no está de acuerdo contigo, lo más probable es que contraataque de la misma manera compartiendo material que apoye su forma de hacer las cosas. De ahí la importancia de las conversaciones.

4) Modela lo que te gustaría que hiciera.

La mejor manera de aprender cómo se hace algo es viendo a alguien hacerlo (y haciéndolo tú después, claro). Si ve cómo manejas las distintas situaciones, cómo mantienes la calma, cómo estableces límites con confianza, cómo proteges el vínculo con los pequeños...

Cómo manejar estas diferencias con los niños

Los niños son los que van a experimentar en sus propias carnes estas diferencias, así que merece la pena pensar en cómo vamos a enfocar estas situaciones con ellos. En general, si estamos delante, me gusta ejercer de "traductora" cuando veo que alguien hace algo de una forma distinta a cómo mi hijo está acostumbrado y esto está produciendo malos entendidos. Por ejemplo, "la abuela quiere jugar contigo" cuando lo que está haciendo es hacerle rabiar (porque es su forma extraña de intentar buscar conexión con el pequeño), o "creo que el peque te está diciendo que no le gusta ese juego". También a veces saco el tema en privado con el niño para ayudarle a procesar algo que haya podido suceder, y le ayudo a decidir maneras de responder si vuelve a pasar, maneras de expresar cuando algo no le gusta de manera que sea más comprensible por alguien poco sensible a los sentimientos de los niños. "Si alguien hace algo que no te gusta puedes decírselo, puedes decir "Para. Eso no me gusta" En general, es primordial no reaccionar de forma exagerada si alguna vez nos cuentan algo que nos parece muy grave.

Por ejemplo, imagina que te cuentan que la abuela le ha pegado (esto es hipotético, ahora no estoy hablando de mí) o que la maestra le ha castigado. Si tenemos delante de ellos una reacción muy exagerada, lo más probable es que se asusten y que la próxima vez que pase algo se callen por que no quieran preocuparnos. Delante de ellos debemos actuar con interés medido, con un "Hmmm" y un "¿y tú cómo te sentiste?", algo que mantenga el canal abierto y que transmita la idea de que nos pueden contar cualquier cosa que pase que no nos vamos a asustar. Las medidas que debamos tomar, las tomaremos con los adultos en cuestión.

Espero que estas pautas les sirvan de ayuda. Y tener  presente que esto es un camino para todos, nadie va a aprender todo de golpe ni va a dar un giro de 180º de un día para otro. Todos necesitamos tiempo, paciencia y mucho refuerzo positivo. Piensa en cómo te gustaría a ti que te corrigieran, o que te pidieran que hicieras las cosas de otra manera, piensa en cómo te sentirías si alguien te dice que tu forma de hacer las cosas, de las que estás profundamente convencido, son incorrectas. Distingue qué comportamientos pueden ser verdaderamente dañinos y cuáles no merece la pena ni mencionar. Busca dentro de ti la empatía y la capacidad de ponerte en el lugar del otro, y actúa desde ese punto de partida. 

El tesón del pajarito. Poema infantil sobre el esfuerzo

Los padres debemos educar a nuestros hijos en valores para enseñarles a ser mejores personas cada día. Pero, para que entiendan por qué han de ser responsables, sinceros, bondadosos o trabajadores, no basta con decírselo. Te proponemos enseñar a los niños a través de cuentos, poemas o fábulas.
Para que realmente aprendan la importancia de trabajar y perseverar en lo que uno hace para lograr resultados, hay que brindar primero un buen ejemplo, ser padres constantes y disciplinados en nuestras labores y trabajos motivará a los niños a imitar estas buenas costumbres. Para reforzar estos valores te proponemos leer con tus hijos este poema infantil sobre el esfuerzo: El tesón del pajarito.
Una bella historia
os voy a contar,
un pequeño pájaro
no podía volar.
De un árbol a otro
caía por las ramas,
y nunca volaba,
por más que lo intentaba.
Una y otra vez,
de noche y de día,
este pajarito
con tesón insistía.
Una de las veces
al suelo cayó,
se dio en la cabeza,
y se desmayó.
Pero al despertar
no se avergonzó,
todo lo contrario
de nuevo lo intentó.
Tanto insistió
que el milagro ocurrió
y al mover sus alas
un día voló.
Actividades de comprensión lectora para los niños

¿Crees que tu hijo ha entendido el poema infantil? ¿Y el mensaje que transmite? Ponle a prueba con estas preguntas de comprensión lectora para niños. Una estupenda forma de estimular el aprendizaje de la lectura en la infancia.
- ¿Qué le pasaba al pajarito?

- ¿Logró volar?

- ¿Por qué crees que consiguió volar?

jueves, 4 de enero de 2018

Por qué es importante aprender a decirle “NO” a los niños

Tu labor como madre o padre de familia es delimitar reglas de conducta basada en la disciplina con amor. 

Si aprendes a decir “NO” a los niños, no le harás un mal sino todo lo contrario, aprenderán a desarrollar seguridad en sí mismos.
Alejandro De Barbieri, psicólogo clínico especializado en Psicoterapia existencial y Logoterapia, es el autor del libro “Educar sin Culpa” y mencionó en un artículo de la organización Aleteia que el problema principal que enfrentan los padres actualmente es la sobreprotección.

El especialista quiere que entiendas que si eres una madre  o padre o sobreprotector y tienes un niño de 6 años, su edad cronológica no coincidirá con la edad emocional porque los padres  con culpa no saben decir “NO” a su hijo.
Según De Barbieri, cuando te rindes de educar en valores y promover la disciplina positiva, aparece el miedo al ejecutar una autoridad sana porque tienes miedo que tu hijo no quiera obedecer lo que le pediste, lo que hará que cedas a su deseo y lo condenes a la inmadurez crónica.

“Necesitas decirle que “no” para formar una persona responsable, independiente y autónoma. La frustración que siente tu pequeño se vuelve en una experiencia positiva porque aprenderá que con rabietas no siempre consigue lo que quiere. Tu hijo te debe ver como una madre o padre con los  cuales se puede apoyar, pero nunca convertirte en esclavos de sus caprichos”.

¿Qué te limita?
-No tener la energía suficiente para enfrentarlo.

-No hacerlo para compensar el poco tiempo que le dedicas debido a tu trabajo y obligaciones.

-Según el Dr. Pérez, son padres miedosos y con poco autoestima que necesitan que sus hijos los acepten.

-Quizás recibiste una educación muy estricta y deseas que tu hijo crezca con todo lo contrario.

Consejos para decir “NO” a tu hijo

-Tu autoridad déjala saber con la mirada y tono de voz, esto no implica que debas gritar para que obedezca.

-Corrige en casa o cuando estén fuera de ella. El especialista tiene toda la razón: “también eres mamá o papá en la calle”.
-No te dejes chantajear por frases como: “eres la peor mamá del mundo”, “ya no te quiero”, “te odio”. “me voy a ir de la casa”… Hazle saber que tú también te enojabas cuando recibías un regaño.

-Enséñale a tu hijo a tener conciencia del significado del “sí” y el “no” desde muy pequeños.

– Si nunca te niegas a las peticiones de tu hijo, él crecerá sin límites y se acostumbrará a conseguir todo lo que quiere.

-Lograras inculcar valores como la paciencia, obediencia y adaptación al decir “no”.
-Evita que haya complicidad. La comunicación entre su padre y tú debe estar garantizada.

Si te niegas a cumplir uno de sus deseos, no te sientas culpable. Lo único que buscas es un bien para tu pequeño, y estamos seguros que cuando crezca sabrá agradecértelo.

El rinoceronte naranja, el desafío para dejar de gritar a los hijos.

Es posible que grites a tus hijos diariamente y que casi ni te des cuenta. Hay padres que utilizan el grito como una forma más de comunicación con sus hijos, para que de este modo, les escuchen. Pero gritar nunca es una buena opción porque en lugar de comunicar, aleja emocionalmente y los niños acaban estando muy resentidos con sus padres y lo peor, es que asumen que gritar para hablar, está bien. Ha llegado ‘El rinoceronte naranja’: un desafío para los padres, para que dejen de gritar a sus hijos, ¿en qué consiste?
Los gritos afectan a los niños tanto como si les pegaras. Afectan a su personalidad, a su desarrollo y por lo tanto no deben emplearse en la educación de los hijos, aunque hayan ocasiones en las que la crianza pueda desbordarte. Aunque esta teoría está muy bien, la realidad es que son muchos los padres y madres que gritan a sus hijos diariamente y por eso, se ha creado el rinoceronte naranja, un reto para motivar a los padres a dejar de hacerlo.

Cambia el chip
Antes de hablar del rinoceronte naranja, si eres un padre o una madre que grita a sus hijos, será buena idea que reflexiones sobre tu conducta. Que pienses qué es lo que te hace gritar realmente. Tus hijos son niños y están aprendiendo… Pero quizá, el estrés del trabajo, el agobio de las tareas, la falta de sueño o de tiempo, hace que sientas irritación y grites más de la cuenta, sin que tus hijos merezcan esos berridos en ningún momento.
Ningún padre quiere gritar. La mirada de los hijos después de un grito es desgarradora y además, el sentimiento de culpabilidad que luego aparece es también muy doloroso. 

¿En que consiste?.

Hay una página web que está en inglés pero también hay un Facebook en español. La idea ha sido creada por una mujer y madre estadounidense que tiene cuatro hijos (6, 5, 3 y 21 meses), que no trabaja y está en casa con ellos. Una madre que gritaba porque no sabía cómo afrontar muchas situaciones cotidianas y en la calle no lo hacía por el ‘qué dirán’ de los demás.
De repente empezó a pensar que la opinión de los demás le importaba más bien poco y que debía preocuparse por lo que sus hijos pensaran de ella; ó el cómo sus gritos podrían afectarles en el futuro. Así que se retó a ella misma a dejar de gritar a sus hijos por un año entero, es decir, 365 días sin alzar la voz. Ahora, ya ha pasado el año y es capaz de gritar menos y amar mucho más.

Desde entonces, muchos padres de todo el mundo han conocido este reto y han decidido sumarse, adaptando los objetivos a la vida real de cada uno. El desafío cuenta con unos puntos claros que si quieres conseguir debes seguir. 
Los puntos más importantes son:

Tener claro que hay una falta de comunicación con los hijos.

Querer cambiar y tener voluntad para hacerlo.

Fijar objetivos realistas que se puedan cumplir (no hace falta que sea un año entero, puede ser una semana o los días que creas conveniente).

Comentarlo con tus seres queridos para sentirte obligado/a a cumplirlo.
Reflexionar sobre cuándo y por qué se grita, apuntar todo lo que creas para empezar a anticiparte en futuras ocasiones y prever cuándo puede ocurrir para empezar a evitarlo.

Tener un lema presente: ‘No puedes controlar siempre las acciones de tus hijos, pero sí tu reacción’.

Con o sin reto tus hijos necesitan unos padres comprensivos, que les escuchen, les apoyen y les amen incondicionalmente. Si alguna vez les gritas porque pierdes los nervios, lo importante sobre todo es que no te culpes demasiado y busques soluciones y también, que pidas perdón a tus hijos por haberles gritado, responsabilizándote así de tus acciones.
Vía: Etapa Infantil

De padres tigre a padres de corral: qué dice la ciencia sobre los estilos de paternidad más populares

¿Cuál es la mejor manera de criar a un hijo?

Se han publicado muchos libros sobre este tema y son varios los autores que se empeñan en acuñar nuevos términos para describir las formas de criar a los pequeños. 

Resulta que hay muchos estilos, pero algunos de los más famosos son:

Los padres tigre: Buscan ante todo que sus hijos tengan éxito, pero se trata de lo que ellos entienden por éxito.

Los padres helicóptero: Toman las riendas de todos los aspectos de la vida del niño.

Los padres quitanieves: Eliminan los obstáculos para hacer la vida más fácil para su hijo.

Los padres de corral: Permiten a los niños una gran cantidad de libertad.

Los padres de apego: se caracterizan por la cercanía afectiva y por establecer  límites según las necesidades y el carácter del niño.

Los psicólogos suelen hablar de la paternidad según varias tipologías basadas en el trabajo de Diana Baumrind, una psicóloga clínica y evolutiva famosa por su investigación sobre los diferentes estilos de criar a un hijo.

En general, se entiende que existen cuatro tipologías:
Los padres autoritarios como figura de autoridad en la vida de sus hijos. Fijan las reglas y si dicen “salta” su hijo responde: “¿Hasta qué altura?”. (Son los más parecidos a los padres tigre).

Los padres permisivos son poco estrictos en cuanto a sus expectativas, no establecen normas y no piden mucho de sus hijos.

Los padres negligentes no se interesan por sus hijos y no quieren tomar parte en la vida de sus hijos.

Los padres autoritativos son muy exigentes y a su vez muy receptivos.

Una de las principales críticas a estas tipologías es que dependen de cada cultura. ¿Qué dice la ciencia sobre los pros y los contras de cada uno de estos estilos de crianza?

Los padres tigre
Tipo de padre: espera que se le obedezca a la primera, quiere la excelencia en cada esfuerzo y que el niño nunca responda.

¿Quién acuñó el término? Amy Chua popularizó este nombre en su libro de 2011 Himno de Batalla de la Madre Tigre. Chua describe a los padres tigre, a menudo de familias chinas, como superiores a los padres occidentales. Los padres chinos hacen uso de la fuerza y no se cortan a la hora de insultar a sus hijos. Son padres que asumen que sus hijos les deben mucho y esperan que se lo agradezcan siendo obedientes y haciendo que se sientan orgullosos.
¿Por qué los padres eligen este estilo? Como dice Chua, las madres tigre son así por sus antecedentes culturales y cuando exigen el máximo esfuerzo en una hora de clase de piano, el niño está cumpliendo parte de sus antecedentes culturales. 

Los padres que siguen estas pautas, quieren que su hijo tenga éxito ante todo y puede que en el fondo tengan profundas inseguridades sobre el futuro. Lo más probable es que este tipo de padres sean más bien autoritarios.

La ventaja de criar a un niño de esta manera es que puede hacer que sea más productivo y responsable.

El inconveniente es que los niños pueden tener problemas en tareas normales o a la hora de adaptarse a nuevas experiencias, algo que puede causar depresión, ansiedad y una aptitud social deficiente. Sin embargo, es algo que también depende de la cultura.

Padres helicóptero
Tipo de padre: interviene cada vez que su hijo tiene un problema, se involucra demasiado en su educación y llama a sus profesores a menudo. La conducta no cesa durante la adolescencia.

¿Quién acuñó el término? El psicólogo Foster Cline y el educador Jim Fay acuñaron la frase en 1990 en su libro: Ser Padres con Amor y Lógica. En este libro describen a los padres helicóptero como aquellos que confunden el amor por su hijos con no dejarles hacer nada por sí mismos. Otra forma de describir la conducta de estos padres es la de “sobreprotección excesiva”.

¿Por qué hay padres de este tipo? Estos padres son propensos a temer por el futuro de sus hijos al igual que los padres tigre. En este caso los padres no pueden confiar la capacidad de su hijo para orientarse por el mundo y estando siempre disponibles piensan que van a evitar que les pase algo malo a sus hijos.

Estos padres probablemente son una mezcla entre autoritarios y permisivos, pero hay poca investigación al respecto.

Las ventajas son: que estos padres pueden ser sobreprotectores, salvando a su niños o adolescentes de ciertos imprevistos.

Los contras son: que los niños pueden carecer de la capacidad de recuperación emocional e independencia, algo que puede dejar secuelas en el adulto. Un niño de un padre helicóptero puede llegar a tener una incapacidad para controlar su comportamiento.

Los padres quitanieves o excavadora
Tipo de padre: se empeña en quitarle todos los obstáculos que le surjan a su hijo en el camino. Son los típicos que se quejan con el director del colegio para conseguir un profesor diferente o que sobornan al entrenador para que su hijo tenga un lugar en el equipo.

¿Quién acuñó el término? Al parecer, el término fue acuñado por el ex profesor de secundaria David McCullough. En 2015, publicó el libro No Eres Especial donde le pedía a los padres que se echaran a un lado y dejasen que sus hijos fracasaran. Se basa en un discurso de graduación 2012 que dio a sus estudiantes de secundaria.

¿Por qué algunos padres son de este estilo? Tal vez piensan que su hijos son excepcionales o son demasiado buenos como para perder y es por eso que aplican este tipo de educación hacia sus hijos. En cuanto a la tipología, cuenta con aspectos de autoritarismo, puesto que exigen el éxito (después de todo, han quitado todos los obstáculos del camino de sus hijos para algo). Sin embargo, también tienen un alto grado de permisividad.

Qué dice la investigación: No existe evidencia empírica en cuanto a los padres con tipo de personalidad quitanieves. Sin embargo, hay una gran cantidad de blogs y artículos dedicados al tema.

Dicho esto, los pros y los contras son probablemente similares a los de los padres helicóptero. Estos padres pueden ayudar a los niños a sentirse seguros y protegidos, pero también pueden fomentar que los hijos se vuelvan unos creídos o unos narcisistas.

Los padres de corral
Tipo de padre: cree que su papel se basa en confiar plenamente en su hijo. Primero le aporta lo básico para que pueda mantenerse a salvo y después se hace a un lado y le deja mucha libertad.

¿Quién acuñó el término? Este nombre se hizo famoso tras un caso de “negligencia” en contra de Lenore Skenazy, una antigua columnista que escribió sobre cómo dejaba que su hijo de nueve años viajara solo en el metro de Nueva York. La experiencia la llevó a ser etiquetada como la “peor madre de Estados Unidos” e hizo que le entraran ganas de escribir un libro sobre la lucha contra la percepción de que el mundo cada vez es un lugar más peligroso.

¿Por qué hay padres que eligen este estilo? Los psicólogos y los expertos sugieren que este estilo es una reacción contra los tipos de paternidad basados en la ansiedad o en el miedo a tomar riesgos. Puede que Skenazy tenga razón y nos estemos preocupando demasiado sobre los peligros de los gérmenes o de otras personas. Mientras Skenazy se dedica a publicar las respuestas de padres (y legisladores) que piensan que su enfoque es negligente, es probable que esté más acorde con la tipología de autoritativa donde los padres creen en la idea de enseñar a los niños a cuidarse por sí mismos.

El blog de Skenazy intenta conectar este tipo de padres que piensan que los niños necesitan chalecos y cascos de seguridad para que puedan ser independientes de forma segura. El enfoque consiste en proporcionar a los niños un tipo de infancia similar a la que sus padres experimentaron en los años 1970/1980.

La ventaja es que los niños aprenden a usar su libertad, a ser autónomos y a valerse por sí mismos. También pueden responder mejor a sus errores, ser más resistentes y asumir responsabilidades por sus acciones. También se dice que crecer de esta manera hace adultos más felices.

El inconveniente es que este tipo de paternidad puede tener algunos problemas en cuanto a los aspectos jurídicos. En el estado de Queensland, es ilegal dejar a un hijo durante un periodo “razonable” de tiempo, mientras que en otros estados los padres deben garantizar que su hijo está bien cuidado. La ley de Queensland no establece hasta qué punto el tiempo es “razonable”, pero el padre o la madre podrá recibir una sanción por delito menor (hasta tres años de cárcel) si incumplen el código.

Los padres de apego.
Tipo de padre: consideran que el primer vínculo de un niño con sus cuidadores influye en todos los vínculos posteriores que experimenta en su vida. Este argumento defiende que un fuerte apego tanto físico como emocional a sus cuidadores es algo esencial para el desarrollo personal del niño.

¿Quién acuñó el término? Esta filosofía se basa en el trabajo de los psicólogos John Bowlby y Mary Ainsworth en la teoría del apego. Su investigación comenzó con Bowlby en la década los 50 cuando trabajaba con Ainsworth; esta última hizo un experimento famoso con niños pequeños, denominado la situación extraña para diferenciar los tipos de apego infantil (seguro, evitativo, ambivalente, desorganizado)

La teoría del apego sugiere que los niños que desarrollan fuertes lazos con sus padres o con sus cuidadores durante sus primeros años tendrán relaciones más felices y saludables a medida que se hacen mayores. Después el término se popularizó gracias a un libro conocido como la “biblia de los bebés” escrito por la familia Sears en 1993.

¿Por qué los padres eligen este estilo? Los padres suelen optar por este estilo porque quieren que sus hijos tengan una actitud positiva sobre sí mismos y sobre sus relaciones con los demás cuando se hagan mayores. La idea de criar a los hijos con apego se asocia con la tipología autoritativa porque son padres que tratan de equilibrar sus altas expectativas con empatía y amor, lo que se asocia con  mejores resultados.

La ventaja es que proporciona una base segura de amor y respeto para establecer relaciones, ademas el niño experimenta su vida con seguridad y autonomía, lo que permite un mejor calidad de vida en la adultez, otorgando bienestar y salud mental.

El inconveniente es que algunos padres toman este tipo de crianza como una religión dogmática, confundiendo el amor con permisividad y también se asocia con un exceso de protección parental, como cuando los padres o las madres no pueden aceptar la idea de que su hijo empiece a ser independiente. Algunos han acusado a este estilo de ser anti-mujer o antifeminista porque fusiona papel de la mujer con la maternidad, algo que va en contra con las ideas del feminismo. Sin embargo, hay quién no opina lo mismo.
Autor: Rebecca English, conferencista en Educación, Universidad Tecnológica de Queensland